Ya hace días que no tocaba el tema. Estaba claro que los precios que vimos eran producto de una especulación descarada, con Bancos-Sierra Morena como Goldman Sachs (que va a ser investigada por el asunto Volkswagen y que demuestra que el fantasma del pirata Drake corre por los pasillos de esta entidad) alimentando la burbuja y afirmando (porque le interesaba) que el barril llegaría a 200 $.
Vemos que no. Y como toda burbuja cuando invierte el proceso alcista y gira, las carreras para deshacer las posiciones son enormes y así hemos visto el hundimiento del precio del barril (ver gráfico) de forma impensable tan sólo hace unos días.
Y lo mismo ha ocurrido con las materias primas, que subían a consecuencia de los mismos métodos especuladores. ¡Cuanta literatura hemos tenido que leer sobre la mucha demanda y la poca oferta! ¡Recursos escasos!, nos decían. China es la culpable. Nada de eso; una banda de pistoleros manejando los derivados de los mercados de Commodities.
El problema será ahora para todos los países vendedores de estas materias que van a ver reducidos sus ingresos de forma importante. Por lo tanto la recesión-depresión que se avecina parece ser que nos aportará (algo es algo) una bajada de precios, aunque algunos ven el peligro de Deflación.
Yo no lo tengo claro. Y es que los Estados de la mayoría de países desarrollados van a entrar en déficits tremendos para intentar paliar la crisis que se ve venir mediante el incremento del gasto. Esto supone endeudamiento en alto grado y ya sabemos que no hay nada mejor para reducir una deuda que la inflación.
La realidad es que si nos atenemos al último modelo de crisis de un país desarrollado, que fue Japón en 1990, lo que veremos es deflación. Dentro de todo tendremos algo de suerte, ya que la estanflación sería lo peor que nos podría pasar.
Y otra consecuencia del derrumbe de los precios del petróleo será que las medidas que la gente estaba tomando para reducir su consumo (especialmente en EEUU) van a quedar aparcadas y olvidadas rápidamente. Los ecologistas siempre lo tendrán mal. Leeros este artículo de Thomas L. Friedman de El País del domingo pasado en que habla sobre este tema.

















