viernes, septiembre 07, 2012

Col de L'Iseran (2.764 m.) desde Lanslebourg


Y sin descanso, envalentonados ya después de dos ascensiones seguidas, nos fuimos al día siguiente, después de subir al duo Croix de Fer-Glandon, al Iseran.

Para ello había que utilizar el coche y hacer unos cuantos kilómetros hasta el pueblo de Lanslebourg siguiendo el valle en el que estábamos, o sea la Maurienne. Por lo tanto el Iseran seguía siendo Saboya.

En Lanslebourg, pueblo donde parte otro col hacia el sur, el de Mont-Cenis, que lleva a Italia (con muchísmo tráfico), aparcamos delante de la Gendarmerie y a partir de ahí empezamos la  ascensión.
El Iseran, si se hace como mandan los cánones, debe hacerse desde esta villa. Puede hacerse también empezando en el último pueblo antes del puerto, Bonneval-sur-Arc, pero eso es hacer trampa.

Así que lo hicimos a reglamento y eso supone casi 33 km. hasta la cumbre, aunque muchos de ellos son llanos, como puede verse en la altimetría que adjunto, aunque sería preferible que subiese poco a poco, ya que de esta manera el tramo de Bonneval hasta el collado no sería un auténtico castigo.

Dicen que el Iseran es el col más alto de los Alpes Franceses. Pero está el Bonnette-Restefond que tiene 2.800 m. de altitud y que le gana por poco, aunque los detractores dicen que este no es un verdadero col ¿? También en muchos sitios figura que tiene 2.700 m.

Partimos de Lanslebourg sabiendo que inmediatamente nos encontraríamos una subida y que en la altimetría marcaba un tramo en rojo, o sea superior al 10%, en este caso del 12%. Palo para las piernas empezar así. Se trataba del Col de la Madeleine (no confundir con la bestia parda que subimos el martes pasado) de 1.746 m. de altitud y que una vez alcanzado depara una bajada que nos lleva al gran llano (una cubeta glaciar impresionante bajo cumbres muy próximas con grandes cumbres nevadas a la vista) que nos deja en Bonneval. Estábamos a las puertas del Parque Nacional de la Vanoisse.

En Bonneval, ya a 1.785 m. de altitud, pueblo que dicen que es uno de los seis o siete más bonitos de los Alpes Franceses, nos tomamos un chupito mientras contemplábamos ya la serie de lazadas que venían a continuación. Ahora empezaba la guerra de verdad. A partir de aquí ni un árbol.

El pueblo de Bonneval, auténtico cul de sac y culo del mundo, vive del esquí (tiene una pequeña estación), de los moteros, de los ciclistas y de los parepentistas, ya que las laderas del puerto tienen buenas térmicas y así durante buenos ratos en la subida nos acompañaron colegas aéreos, que despegan de la parte del collado que da a este valle, y que pasaban justo al lado de la bicicleta. A mi compañero Roberto, exparapentista, se le iban los ojos.

Después de unas cuantas lazadas de buen sudor se domina enseguida el valle pero la ruta se introduce en el Parque de la Vanoisse y cambia el decorado. Un momento de descanso, se atraviesa un torrente y la carretera sube sin perdón como le corresponde a un col de esta categoría. O sea, 9% y 10%. Me encontré a un chaval inglés con bicleta de carretera que llevaba una mochila mínima. Me imaginé que hacía el mismo recorrido que nosotros, pero no, iba recorriendo los Alpes en travesía. Lo mínimo para vestir, buenas piernas y una VISA. No hace falta nada más. ¡Bravo!, le dije, me has dado una idea excelente.

En la parte alta se estrecha la carretera y se alcanza un tramo llano con un pequeño túnel. Pasado este entramos en la subida final (se pasa por una pequeña estación de esquí a un km. del collado).

Llegué pidiendo la hora. Nieve aún en las cunetas de la nevada de hace una semana y espléndido espectáculo con multitud de montañas y glaciares (La Vanoisse, allí muy cerquita).

Las fotos de rigor y rápido para abajo que había hambre. Nos volvimos a parar en Bonneval, en el mismo bar que al subir, o sea el primero, y nos dijeron lo de “je suis désolée”. O sea que te quedas sin comer porque es muy tarde y/o no tengo ganas de hincarla. Nos fuimos al segundo bar y otro tanto, pero he aquí que la francesa que nos atendió no era tal, sino que era peruana, y entabló rápida conversación. Ganas tenía la chica de hablar cristiano. Y mira por donde se retractó y le hizo cocinar al marido francés algo para los conquistadores españolitos. Eso si, se lo cobró a precios alpinos.

Nos explicó la chica que en Noviembre se iba para Salou a darse un baño de sol, porque si se quedaba en Bonneval le pillaba fijo la depre. Ni moteros, ni ciclista, ni esquiadores, ni parapentistas. Solo lluvia un día tras otro. Luego el invierno se supera como se puede. Nevadas de dos y tres metros son habituales, pero el esquí da trabajo. Estuvimos largo rato hablando sobre Perú. Era de Cuzco la chica.

Y poca historia más. Fuerte viento en contra al bajar, lo que me estropeó el descenso y fuerte viento en contra hasta Lanlebourg. Volvimos a subir el Col de la Madeleine, deshicimos lo andando y totalizamos 65,7 km. y 1.839 m. metros de desnivel acumulado. Tal como tenía las piernas al llegar arriba pensaba que el regreso sería una tortura, pero no. Mañana, descanso.

Y un vídeo del recorrido que hice, pero en moto y en descenso. Desde el col hasta casi la entrada a Bonneval. ¡Que gustazo recordar este descenso!



 

jueves, septiembre 06, 2012

La Croix de Fer (2.067 m.) y Glandon (1.951 m.) desde St-Jean-de-Maurienne


Día de descanso después de subir La Madelèine y así poder visitar el pueblo y comprar cuatro cosas.

Y el puerto siguiente era el más inmediato, ya que en la calle más próxima al camping, empieza La Croix de Fer. Subirse a la bici y ya a darle ya al pedal de valiente.

La Croix de Fer y el Glandon forman parte de la terna mítica (siempre se habla de tres, porque el duo Telegraphe-Galibier se los considera como un solo puerto) que conforman la etapa clásica por excelencia del Tour, añadiéndole al final el Alpe de Huez que es el último puerto que se sube y es final de etapa eterno.

La Croix de Fer promete mucho. Desde el camping se ve el valle que asciende el puerto, pero también se ve la cantera que está a escasos tres kilómetros del inicio del puerto. Más arriba se halla también la estación de esquí de la Toussuire, que este año fue final de etapa del Tour y que por lo tanto recorre una parte de la ascensión a la Croix de Fer.

Sin embargo esto ocasiona un tráfico infernal y realmente peligroso con muchos camiones y furgonetas en una carretera estrecha. Pasé miedo hasta superar la cantera.

Puerto duro, pero es que aquí no regalan nada y ya vamos viendo que nos espera más de lo mismo continuamente. Hoy 30 kilómetros y 1.525 m. teóricos de desnivel, pero que se ven incrementados al hacer el circuito circular siguiente: St-Jeane-de-Maurienne-Croix de Fer-Glandon-St. Avre y St. Jeanne de nuevo. Según el Forerunner hicimos 65,4 km. y 2.201 m. de desnivel acumulado. Hay que destacar que la subida a este puerto tiene dos bajadas notables (y otra más pequeña) lo que incrementa el nivel de metros a subir si tomamos solo en consideración el punto de partida y el de llegada. Hay un tramo llano a mitad de puerto que da un respiro y que cuenta con tres túneles (Combe Genin), uno de ellos no iluminado y en curva, pero ancho.

Pasado este tramo nos apuntaremos al 10% frecuente y hasta el 12%.

Ascensión por bosque como en La Madeléine y también estación de esquí en Saint Sorlin d’Arves (Les Sybelles). Es justo saliendo de la estación que hay que afrontar un duro tramo al 14%. Naturalmente ni una mala sombra hasta el puerto, que alcanzaremos salvando diez virajes. Y aquí la carretera se estrecha mucho de forma que incluso un cruce coche-bicicleta a veces es complicado. El pavimento es también especial y rugoso, como de piedrecillas. Poco antes de alcanzar el collado hay un pequeño lago.

Y llegamos al puerto donde efectivamente está la Cruz de Hierro y un chalet que lleva su nombre y que premia, pagando, al ciclista con un buen refresco.

A la vista tenemos un panorama espléndido, con las espectaculares Agujas d’Arves muy próximas, la Meije, el Rocher Blanc y las Aiguilles de la Saussaz.

Y descendimos, abrigados ya, por la otra vertiente, pero únicamente 2,5 km., hasta donde aparece el desvío al collado del Glandon, que está allí mismo, a solo 40 m. de desnivel, o sea una corta subida (ver video clip adjunto de este tramo).

Las fotos de rigor (hay una bicicleta gigante y un monumento a los maquis de la segunda guerra mundial) y descenso por el bello puerto del Glandon que nos llevará al valle de nuevo, pero a St.Avre. Comprobamos bajando que el Glandon es más duro que la Croix de Fer (tiene 15%), ya que es más corto en km.

Nunca había pasado por un puerto con tantas curvas. Realmente impresionante. Este descenso fue el delirio y batí mi record de velocidad: 85 km./h. Una euforia momentánea y es que además no hay tráfico, lo que permite ir más tranquilo. Queda pendiente subirlo, ya que es un puerto precioso.

Bahamontes pasó por este collado en primer lugar en el Tour de 1963 y Galera en 1966.

Fotos.
Arriba en La Croix de Fer.
Abajo:
1. Los estupendos hitos que jalonan todos estos puertos.
2. Miniteleférico para bajar la leche desde la granja en las alturas a la carretera.
3. Vaca con el maillot rosa
4. Parada para reponer liquidos. Un bar perfecto.
5. Llegando a Saint Sorlin.
6. Sitios tentadores para parar y hacer una buena comida no faltan.
7-8. Roberto disfrutando ya de las alturas.
9. Llegando feliz y contento a la Croix de Fer.
10. En la Croix de Fer, como no.
11. En este bar, en el collado de la Croix de Fer, se estaba de rechupete.
12. En el Glandon, monumento a los maquis franceses que les dieron de lo lindo aquí en la II Guerra Mundial.
13. En el Glandon: esta bicicleta aún es más grande que las del Aubisque.
14. En el Glandon.
15. Mapa del recorrido.
16. Altimetría
17-19. Mi track en Google earth desde diferentes vertientes.





Descenso filmado desde el puerto hasta la estación de esquí de Saint Sorlin (último tramo).


Un video clip en mayo


Descenso desde la Croix de Fer hasta el desvío al Glandon (tramo que hicimos) que aún estaba cerrado en el momento de efectuar este video.

martes, septiembre 04, 2012

Col de La Madelèine (2.000 m.) desde La Chambre

Y después de subir la mayoría de puertos importantes del Pirineo y con el cuerpo (y la mente) ya en buena forma, era imprescindible una visita a los puertos míticos de los Alpes para cerrar un año ciclista inmejorable. 

Nada mejor que empezar por los cols que ha recorrido el Tour en sus casi cien ediciones y para ello había que venir a la Saboya y en concreto a St-Jean-de-Maurienne, auténtico punto neurálgico de este entramado fabuloso de puertos fantásticos: La Croix de Fer, La Madeleine, Glandon, Telegraphe, Galibier, Iseran (un poco más lejos) y la estación de esquí de la Toussuire, que este mismo año ha sido fin de etapa del Tour 2012. 

Este ha sido uno de esos pocos años en que el Tour no ha realizado su etapa clásica alpina: Croix de Fer/Glandon-Telegraphe-Galibier y final de etapa en lo alto del Alpe d’Huez. Este trayecto es el que recorre precisamente la marcha ciclista La Marmotte y que se celebra el primer sábado de julio de cada año y a la que acuden miles de ciclistas (unos seis mil) que evidentemente están muy fuertes. Nunca la ha ganado un español y es espectacular ver como se van rebajando los tiempos a medida que pasan los años. Ver que se está haciendo esta salvajada ciclista en cinco horas y media le deja a uno estupefacto.

El lunes salí de Barcelona a las siete de la mañana y a las dos del mediodía estaba montando la tienda en el CAMPING DES GRANDS COLS, en el mismo St. Jeanne de Maurienne, auténtico Campo Base de los ciclistas que vienen aquí a saborear la flor y nata de los puertos de montaña. 

Y llegar y tocar el cielo. El martes subí a La Madelèine por el sur, desde la Chambre, puerto de 19 km. durillo de verdad porque concede pocos respiros. Desde el camping a la Chambre hay unos 12 km. (y otros tantos para volver) por carretera de tráfico intenso y peligroso. Total del recorrido casi 60 km. y 1.800 m. de desnivel acumulado. La Chambre está a 495 m. (pero desde St. Avre, donde abandonas la carretera del valle, la carretera ya empieza a subir) y La Madeleine a 2.000 m., por lo tanto 1.505 m. de desnivel en 19 km. Desde St. Jeanne de Maurienne el Forerunner contabilizó 1.800 m. de desnivel acumulado. 

He tenido la suerte de encontrar compañía: Roberto, un zaragozano aficionado a la bici, pero también escalador y exparapentista (era parapentista hasta que en Castejón de Sos aterrizó como no es menester), una persona excelente que nada más bajar de La madeléine ya me estaba invitando a spaguetis y a vino de Cariñena. Como los dos vamos al mismo aire y tenemos objetivos parecidos, compartiremos las próximas ascensiones. 

Entre las muchas opciones para abrir el melón ciclista alpino, elegimos La Madelèine, opción ideal ya que mi madre (q.e.p.d.) se llamaba Magdalena, mi suegra se llama igual y hasta tengo una guapísima cuñada con este bello nombre. Nada mejor que empezar dedicando a la familia este bonito puerto. 

Como a Roberto le gusta primero ir con el coche a ver como es un puerto antes de meterse en él con la bici, salimos muy tarde, pero como el aire estaba aún fresquito (se ve perfectamente que por arriba cayó una nevada hace unos días), casi era preferible así. 

Yo prefiero todo lo contrario, es decir, descubrir los puertos. Me gusta la aventura, en este caso bastante limitada, ya que si no puedes con el puerto porque no es tu día, pues media vuelta que viene bajada. Y a veces mejor no ver lo que te espera porque no hay nada peor que empezar encogido (lo mismo pasa escalando).

Cuando se pone al 11%, como ocurre en un tramo nada corto de La Madeleine (tramo de L’Epalud, en el que hay una galería y que es el tramo rojo en la altimetría que acompaño), mejor no saber lo largo que es. Siempre voy intentando adivinar por donde subirá la carretera y a veces es divertido ver que va por donde menos te lo imaginabas. 

Hermoso puerto. Me gustó mucho. Abundantes ciclistas de todas las nacionalidades, cada uno a su ritmo y todo un mundo de colores de diferentes maillots que contrastan con el verde de los prados. Bonitos pueblos alpinos, flores en las casas en esta época del año, bosque abundante y al final, como no, estación de esquí (Longchamp), que no se acaba de cruzar nunca y como ya es normal, un pueblo artificial más muerto que vivo. Una estación que empalma con otra que hay en la vertiente opuesta (como por ejemplo ocurre en el Tourmalet). 

Desde aquí hasta el puerto hay cuatro kilómetros sin una sombra ya que el bosque desaparece y este último tramo demanda un buen esfuerzo. Vistas impresionantes con glaciares al fondo del escenario ya que la ascensión gana altura de forma descarada: la Chaîne de Belledonne, los glaciares de los Grandes Rousses y el macizo de Ecrin. Por la otra vertiente teníamos el macizo de Beaufort y el Montblanc, pero las nubes impedían verlo. 

Restaurante-relax en el puerto con chaise long para contemplar el panorama mientras uno se hidrata y compra un souvenir. Las nubes crecían en abundancia. Corría ya prisa bajar y así lo hicimos, aunque nos tomamos media hora para paladear el éxito. Un descenso impresionante con 19 km. de fuerte desnivel solo tocando pedales para acelerar al salir de las curvas cerradas.

Abrigaditos con todo lo que llevábamos (cortavientos y manguitos de manos y piernas) y aún así justitos y es que esto ¡SON LOS ALPES DE ENSUEÑO! 

Este puerto empezó a pasarse en el Tour de 1969, época de Merckx. Fue en este col, en 1996, cuando Indurain perdió un montón de minutos y se dio cuenta que no ganaría su sexto Tour. Pero Perico Delgado en 1984 y Fuente en 1987 pasaron por aquí en primer lugar.

Llegamos al camping que caían gotas y minutos después diluviaba. Justillo, justillo. Tendremos que madrugar más.

Fotos:
Arriba en el col.
Abajo:
1. Punto en La Chambre donde empieza el puerto.
2. Roberto dándole al pedal, con el clásico mojón blanco y amarillo que ayuda al ciclista a saber a que altura está, cuanto le falta para coronar y que porcentaje de subida le espera en el próximo kilómetro.
3. En este villorrio paramos a tomar un chupito.
4. La estación de esquí de Longchamp. Si se amplia la imagen puede verse al fondo la subida final.
5-6. Puede comprobarse que la terraza es idílica y lo de la chaise long no es broma.
7. El col con las negras nubes que iban apareciendo.
8. El restaurante en el collado.
9. En el inicio de la bajada, bien abrigado, con los glaciares al fondo.
10. Panorama la llegar a la estación.
11. Panorama desde encima de la estación.
12. Mi track en GoogleEarth desde La Chambre.
13. Mi track del tramo final desde la estación de esquí.
14. Mapa.
15. Altimetría.




domingo, septiembre 02, 2012

Rajoy: ignorante y mentiroso (una vez más)

Rajoy, después de casi un año en el gobierno del país, demostró en su última perorata electoral gallega que aún no se ha enterado de cómo funcionan las cuentas del Estado.

Alguien tendría que darle rápidamente un cursillo acelerado para explicarle que su afirmación de que “el aumento del IVA sirve para mantener las jubilaciones y las prestaciones de desempleo” es una falsedad inmensa.

Querido presidente, las pensiones se nutren de las cotizaciones de los trabajadores (como la prestación de desempleo) y NO de los impuestos del Estado. Por lo tanto el subir impuestos no tiene nada que ver con la Seguridad Social, que tiene sus cuentas aparte.

Un engaño más, otra mentira con toda su cara, para ganarse el voto de los jubilados.

Y lo mejor de todo, en esta arenga populista, fue afirmar, una vez más, que la subida de impuestos es por nuestro bien y en cuanto pueda (“no muy tarde”), o sea de aquí cuatro días, nos los baja. No solo eso, gracias a estas medidas en Junio “las cosas estarán mucho mejor”. Así de fácil. Falta saber que entiende él por “las cosas estarán mucho mejor”.

El semanario francés Le journal du Dimanche dedica dos páginas a una entrevista con Rajoy, destaca los esfuerzos del Gobierno para contrarrestar la crisis económica y titula que "Lo peor que le puede pasarle a un Gobierno es no comprender la realidad en la que vive".

Acabaremos todos calvos con tanta tomadura de pelo.


Fotos: Rajoy en la oposición hace dos años, recogiendo firmas con Espe para oponerse a la subida del IVA de los socialistas, ya que era "lo más impresentable" que podía hacer un gobierno.

 
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