lunes, octubre 17, 2011

En el Aneto (8ª ascensión). Edurne Pasaban andaba por allí.


¡Cuántas emociones este fin de semana! Después de muchos años, demasiados, volvía a pisar el suelo de La Renclusa y así ver a Antonio Lafón, el guarda de este histórico edificio del Pirineo, que ha seguido siempre siendo un gran amigo en el recuerdo, a pesar de los años transcurridos, en que no hemos dejado de saber el uno del otro mediante terceras personas.

Pero todo llega. Subí a La Renclusa de nuevo el viernes. El objetivo era subir a la Espalda del Aneto (pasando por la cumbre del Aneto una vez más), única cumbre importante que me queda por subir en La Maladeta. A pesar de los muchos tres miles que llevo no soy propiamente coleccionista, pero puestos a subir una cumbre, elijo las que tengo pendientes, como he hecho estas últimas semanas.

Impactante fue encontrarme con el refugio remodelado en el 2006. Esta ya no es mi Renclusa, como ya no lo será Goritz cuando acaben las obras, o no lo es ya el Forcau, un pequeño y delicioso refugio que se convirtió de golpe en un monstruo.

Y por si no fuese suficiente con esto, se añadía el hecho que Edurne Pasaban subía el mismo día, el sábado, al Aneto, en una excursión comercial patrocinada por Goretex, firma que ha contratado recientemente a Edurne.

Me recibió al llegar David, el hijo de Antonio, al que no había visto desde que era pequeño, pero al que había seguido en la prensa, ya que competía nacionalmente, con un alto nivel, en esquí de fondo. Y es que David ha sacado la capacidad física de su padre, la fortaleza del cual ya había tenido ocasión de comprobar, especialmente subiendo a la Maladeta con esquís. ¡Cómo tiraba Antonio!

La reforma de La Renclusa, dentro de todo, ha quedado bien, ya que el edificio antiguo se perfila intacto, aunque le han añadido un cobertizo en la puerta de entrada, que sigue en el mismo sitio, así ahora a la gente no le caen al entrar chuzos de punta después de una nevada. Se ha anexionado una nueva nave, formando una ele, que aloja cocina (¡quien me iba a decir que vería una gran cafetera en La Renclusa!), comedor y una pequeña sala de estar. La despensa ahora es enorme, con una gran nevera. Todo alimentado con un enorme generador colocado en el antiguo refugio invernal (esto sí que me duele, ya que ahí he pasado agradables noches), con el ruido y olor del cual el refugio ha pasado a mejor vida. Total, que ahora La Renclusa tiene incluso hasta duchas de agua caliente.

Nada más llegar Antonio me invitó a una cerveza y a un jamón estupendo que rápidamente cortó para celebrar el reencuentro. Poco rato después llegó Edurne con su séquito, es decir las chicas de diferentes países que habían sido elegidas por Goretex (a través de un proceso de selección popular en Facebook) para acompañarla en una ascensión al Aneto. Se añadía al grupo un guía contratado para la ocasión, una periodista, un fotógrafo y alguna persona más.

Pude hablar y hacerme una foto con ella. Aproveché la ocasión para que me firmara su libro, que no olvidé colocar en mi mochila. Encantadora, tal como me imaginaba.

Cené con Antonio y su familia, recordando muchísimas cosas, como el día que en la norte de la Chardonnet salimos de un buen apuro dando su matrícula de radioaficionado a través de un aparato de FM con el que solicitaba ayuda de helicóptero, ya que un compañero de cordada se había accidentado. No nos hacían caso (y se iba haciendo de noche) hasta que recité el código salvador. Gracias mil a Antonio por aconsejarme llevar encima una emisora de FM, que pesaba lo suyo, comparado con los aparatos actuales. Ahora ya llevamos otras cosas aún más eficaces, como el Spot que va siempre en mi mochila y que me conecta vía satelite.

Dormí en la última habitación del piso superior, que coincidía con el sitio, más o menos donde dormí mi primera noche en La Renclusa. Año 1967, día de San Lorenzo, nada más y nada menos (la última ascensión es de 1986, hace ¡25 años!). Veía la luna a través de una pequeña ventana que se asomaba al inclinado tejado del edificio, de forma que su luz daba en mi litera. Perfecto y romántico.

Pero no pegué ojo. Demasiados recuerdos. Por un momento pensé que al día siguiente no podría dar un paso y la realidad es que el motor no funcionó como otros días, pero dio al menos para llegar a la cumbre del Aneto.

Mi plan era ir muy rápido, llegar a la cumbre del Aneto, seguir sin parar hasta la Espalda y volver rápidamente para contemplar la llegada del grupo de Edurne a la cumbre, ya que imaginaba, como así fue, que tanta gente junta no iría muy rápida. Pero una cosa son los planes y otra la realidad.

Salí cuando lo hacía el grupo de Edurne (y mucha gente más, ya que el Aneto es una romería casi todo el año), en plena noche aún, a las seis treinta, aproximadamente.

La gente fue adelantando ya que el grupo Goretex no iba muy rápido. Yo, de momento, como vi que no iba muy fino, me puse detrás de Edurne, que cerraba el grupo.

La subida al Portillón inferior es monótona y en este caso fue más bonita que en otras ocasiones, ya que la niebla cubría la parte inferior del valle.

Cuando empezó a amanecer (hora y media después) el fotógrafo contratado para la ocasión se colocó cerrando filas y yo seguí al paso.

Fue en ese momento cuando dos personas se me pegaron. Les habían dejado atrás los de su grupo, y no tenían ni idea de por donde iba la cosa. Lo cierto es que todos salimos ganando de esta coalición porque llevaban agua suficiente y a mi se me había soltado la boquilla del CamelBack y había perdido casi la totalidad del líquido. Vaya tontería. Al bajar Antonio, tan tradicional como siempre, me recordó riéndose mucho, que a las cantimploras no les pasan estas cosas.

En una parada, ya en el Portillón inferior, les comenté que iba a pasar al grupo de Edurne, ya que iban lentos. Me dijeron que vale, que no había problema y en ese momento vino lo divertido del día (mejor es tomarse estas cosas a broma), ya que lo triste y grave vendría después.

Edurne, había contratado para la ocasión a un guía del valle, de forma que solo dos personas expertas acompañaban al resto (mucho menos experto por lo que vi) del grupo.

Pues en ese momento el guía me vino a ver mientras me comía una barrita y mis colegas virtuales me daban líquido, y me vino a decir que él era un guía y que como tal se ganaba la vida llevando la gente a la montaña y no aceptaba que nadie le siguiese y chupase rueda y que con las fotos que iba haciendo ¡CUIDADÍN! Sí, sí, dijo eso, ¡CUIDADÍN!

Lo bueno es que había estado hablando con él en la cocina de La Renclusa y le había dicho que era mi octava ascensión. ¿Mala memoria?

¿Cómo iba a chupar rueda habiendo subido tantas veces al Aneto? No quise cabrearme y le dije que OK, no problem tío, que eres un fiera, total ya les iba a pasar. En esta vida a veces es mejor callarse y ni tan siquiera replicar desfachateces tales.

Dicho y hecho. Hasta opté por subir al Portillón superior por un recorrido más alto, (sospechando acertadamente que ellos irían por el recorrido bajo) para así evitar otro encuentro en la tercera fase con grupo tan selecto.

Mis compañeros virtuales sudaron de lo lindo, ya que la traza elegida, cuando llegas al Portillón, requiere un pequeño desgrimpe. A mi me salvaron de la deshidratación.

Pasamos el Portillón y apareció el Aneto al fondo, presidiendo un desolador espectáculo. Antiguamente cuando pasabas el Portillón ya te ponías poco después los crampones (bueno, he hecho muchas ascensiones al Aneto y otras cumbres sin ponérmelos, porque con la amplia traza que hay siempre y con buena nieve, no hacía falta utilizarlos, aunque el piolo sí que lo he llevado siempre), pero ahora el glaciar ha retrocedido tanto que hasta que llegas a la nieve hay que recorrer una zona de bloques, demoledora para el cuerpo. ¡Con lo cómodo que era antes!

Se alargó tanto el trayecto hasta llegar al hielo (nada de nieve) que pensaba que llegaba ya al Collado Maldito. En este trayecto mis colegas aceleraron y se separaron ligeramente. Viendo que tenían el Aneto a la vista, pensaron que Joaquín ya no les hacía falta. Ya se sabe, en esta vida te utilizan cuando conviene y cuando no te tiran como un pañuelo. Yo seguí a mi ritmo y empecé a pensar que sin agua y mal dormido lo tenía crudo y como mínimo la Espalda del Aneto quedaba para otro día, como así fue.

Llegué al hielo y ahí me puede percatar de lo que ha ocurrido estos últimos años. Aquello era una auténtica pista de patinaje sobre hielo. Un auténtico vidrio en el que los crampones pillaban lo justillo. Encima me había llevado de los cuatro pares que tengo los más chicha y nabo que tengo, pero que no pesan, pensando que “para un Aneto son suficientes”. Pues bien, en la mayoría de mis ascensiones por los Alpes nunca me he encontrado tamaña porquería. Además me imaginaba una caída. ¿Se clavaría el piolo en semejante cemento? ¿Frenaría? Las dudas me producían un cierto yu-yu.

Me puse mis livianos crampones, piolet en mano derecha, como corresponde al trazado y empecé a subir, encontrándome tras unas rocas a mis excolegas, que se estaban sacando los crampones (les habían ayudado a ponérselos, ya que no tenían ni idea). Se habían adentrado en el hielo y rápidamente vieron que aquello les iba muy grande y además ¡no llevaban piolet! No me había percatado de ello. Una buena negociación y conseguí que me dieran una de sus botellas de agua ya a medio consumir (menos mal que llevaban el líquido en botella de plástico desechable).

Seguí solo hasta alcanzar la parte superior del trazado que va a buscar el filo de la gran rimaya que se abre bajo la Cresta del Medio. No es el trazado correcto. De hecho lo había seguido en muchas ocasiones para pasarme por Collado Maldito al regreso de la cumbre.

Me uní por un rato con un grupo de cuatro personas. Les hice una foto y les pedí que me hicieran otra. Me dirigí a ellos en catalán, y rápidamente corregí al castellano, pero me dijeron que tranquilo que eran de Valencia, menos este, me dijeron, que es de Castellón, pero habla el catalán mejor que nosotros.

Este trazado busca tener un tramo del recorrido un poco más seguro, ya que es un poco amplio y no hay hielo, lo que se agradece enormemente. Pero tiene su contrapartida, ya que has de bajar para llegar bajo el collado de Coronas y esa bajada estaba enormemente mal, ya que era un hielo mezclado con tierra, un tramo que en bajada hay que mantenerse alerta.

Y más aún. Lo normal es que el trazado por la mezcla de hielo y nieve en la pala final, la más pendiente, sea un recorrido que hace zetas. Pues no, todo un recorrido directo hacia arriba, exigente a estas alturas, cuando ya llevas horas dándole al pedal.

El grupo de Edurne venía lejos. Este último tramo lo hice con un grupo de simpáticos rusos (dos chicos y tres chicas) afincados desde ya hace diez años en Barcelona. Habían alquilado todo el material y a las chicas les iba justillo el tema. Llegué a la parte superior, a los últimos cien metros en roca, donde se notaban los efectos de la pasada nevada y allí dejé todo menos la cámara de fotos y me abrigué, ya que soplaba una ligera rasca. Arriba me crucé con los valencianos, que bajaban, ya que habían subido mucho más rápido.

Pasé el Paso de Mahoma solito, mientras las rusas se lo miraban, con la emoción contenida una vez más, recordando la primera vez que lo crucé, cuando aún no escalaba y aquello me parecía algo serio. Y es que el Aneto es el Aneto y fue durante mis años de infancia el Everest soñado.

Estuve en la cima durante un rato charlando con la única persona que me encontré, que era catalán. Repasamos todo el horizonte. Da gusto cuando encuentras una persona que lo conoce tan a fondo, ya que puedes compartir las dudas en la identificación de las pequeñas cumbres. El día era muy bueno, pero todo el sur estaba cubierto de nubes (el Cotiella emergía como una isla en medio del mar de nubes), cosa rara, porque lo normal es que las nubes estén en el lado francés y en España luzca un radiante sol.

Llegaron los rusos (surrealista esto de alcanzar la cumbre del Aneto oyendo ruso) y se instalaron en un vivac que hay en la cumbre, más al sur. Por cierto la Virgen del Pilar que había en la cumbre ha desaparecido y solo queda el pilar.

Me esperé a que llegarán Edurne y CUIDADÍN (evito dar su nombre) con su séquito.
Profunda alegría ya que alcanzaron la cumbre todas las chicas del grupo. Objetivo cumplido.

Hice fotos y al final me ofrecí a hacérselas a todo el grupo, incluyendo al fotógrafo, que el pobre se quedaba sin recuerdo. No soy rencoroso.

Y es en estas ocasiones cuando uno es testigo de los diferentes conceptos de la montaña que tenemos, como me ocurrió una vez en la cumbre del Algas. Lo importante para el grupo de Edurne era cumplir el objetivo, fotos con logos y media vuelta. Negocio contratado, pacto cumplido, y a por otra cosa mariposa. Este es el lado oscuro de la montaña como profesión, que no tiene nada que ver con la montaña como deporte amateur. ¿Miraron el horizonte? ¿Respiraron profundo tan solo un momento?¿Se dieron cuenta que el cielo era azul?¿Se relajaron unos minutos? Nada de eso. Materialismo opuesto a romanticismo, víctima de los tiempos que corren. Hicieron cumbre como se hace en un 8.000, donde la cima es un punto de rebote, mitad del recorrido. Para mí, y otros muchos, la cima es algo sagrado, es un hito, algo que merece otra consideración. Puntos de vista muy diferentes.

Y me fui para abajo junto con mi colega catalán temporal. Visto como estaba el terreno, las alianzas nacen solas. La pala estaba mejor que al subir. El séquito de Edurne había machacado el recorrido. Gracias.

Poco después de iniciado el tramo que lleva bajo el collado de Coronas vi una persona en el trazado y dos compañeros que salían corriendo (en la medida de lo posible) hacia abajo. Cuando llegué a su altura comprobé que era el grupo de valencianos. Me explicó el que se había quedado arriba que uno de los compañeros (luego me enteré que era el de Castellón) se había caído por la pendiente y sin saber pararse con el piolet había llegado hasta las piedras finales (cuando el glaciar tenía otras dimensiones, las piedras quedaban muy, pero que muy abajo) a toda velocidad. Al ver que no emitía ninguna señal habían decidido bajar. Me ofrecí a llamar al 112 con mi Spot (¡menudo susto para mi mujer, al ver un SOS en su teléfono –que lo recibe en paralelo al del 112-, pero si era necesario había que hacerlo), pero me dijo que había cobertura teléfonica en el glaciar y que ya habían llamado, sospechando que se había hecho mucho daño.

No me imaginaba que llegando ya al final de mi recorrido en hielo, me iba a pasar lo mismo. La sombra (el sol ya va muy bajo) de la Cresta del Medio inundaba ya gran parte del recorrido, helando la nieve caída días atrás. Merengue helado, una costra que se rompía y debajo de ella aparecía el hielo duro y puro. Y en una de esas la costra, mucho más fina, cedió y al bajar el crampón no se clavó bien y se me fue el pie y décimas de segundo después estaba deslizándome pendiente abajo, que en este tramo, por suerte, no es tan acusada como en otros. Rápida reacción echándome sobre el piolo, evitando primero bajar de cabeza (pesa más y te deslizas enseguida con la cabeza por delante) y controlando la bajada. Un segundo de angustia porque como me temía el hielo-cemento impedía una buena clavada y finalmente me paré. Tan solo ocho metros, pero toda una eternidad. En el fondo, mira por donde, un ejercicio práctico que da seguridad.

Mi colega, más joven, iba más rápido, así que nos separamos y ya bajé casi solo, siguiendo el mismo recorrido, ahora del Portillón Sup. al Inf., por la ruta más baja, ya que no tenía que preocuparme de encontrarme con CUIDADÍN, que había elegido para bajar la ruta que desciende por el glaciar y que va a buscar un colladito al sur del Pico de La Renclusa, para pasar de nuevo por el refugio.

Más abajo del Portillón Inf. fluía agua por doquier. Obviamente, con la sequía que hay la procedencia del agua debe ser del deshielo permanente al que esta sujeta toda la zona (si el glaciar del Aneto está moribundo el de Maladeta está terminal).

Pero la temperatura estaba descendiendo y había agua helada por encima de muchas piedras. Verglás de ese transparente que no se ve. Me pegué un leñazo de narices quedándome en el lado izquierdo de la zona torrencial y después no había forma de volver al camino, ya que estaba todo helado. Así que tuve que apañármelas para bajar fuera de traza, lo que me retrasó muchísimo.

Cuando pude cruzar el torrente y recuperar el camino normal, ya estaba relativamente cerca del refu. Anochecía y pensé que por pocos minutos tendría que sacar la frontal, pero una chica, que iba sola, me llamó desde arriba y me pidió que la esperara. En realidad no iba sola, pero lenta que era la habían dejado al albur. Un grupo de amigos ejemplar, pensé. Le pregunté si había alcanzado la cumbre y me contestó que solo había llegado hasta el “iceberg”. Quería decir el glaciar, claro. Visto esto uno ya se imagina la diversidad de personas que acuden a las faldas de esta montaña y de la falta de nivel que hay. Los accidentes (de muy diferentes tipos) están servidos, por pura estadística.

Llegué a La Renclusa un poco antes de que partiese Edurne y sus chicas y poco después CUIDADÍN nos largo un saludo de despedida a la cocina, donde estaba sentado con Antonio explicándole los avatares de la jornada. En ese momento me enteré que el accidente había sido mortal (fractura de cráneo al entrar de cabeza en las piedras). Mi más sentido pésame para la familia de este joven. Se produjo otro accidente por el estilo, con fracturas en un brazo, pero la persona accidentada había bajado por su propio pie. Tuvo suerte.

El domingo me levanté tarde y estuve charlando en la cocina con David mientras arreglaba el comedor. David, como su padre, es una excelente persona.

La temperatura había bajado mucho y hacía ya un fresco más propio de este tiempo. Hice fotos al refu y me hice una foto en la puerta con David y con el ayudante que tiene, Adrián, un argentino muy simpático.

¿Volveré a la cumbre del Aneto? No sé, ya que la Espalda del Aneto sigue pendiente, aunque puedo hacerla por Barrancs y en mayo-junio, claro, época en que esta montaña aún parece ser lo que era antes. En otoño (incluso final del verano) tengo claro que no me pillarán ya en ningún glaciar moribundo (lo son todos) del Pirineo. Es un “patiment” que decimos en Catalunya y a estas alturas la montaña en malas condiciones no entra en mis planes.

Fotos (click en las fotos para verlas a mayor tamaño) con todo el cariño para CUIDADÍN, con vídeo incluido.
Arriba: en la cumbre del Aneto una vez más.
Abajo:
1-2) El grupo Goretex llega a La Renclusa.
3) Con Edurne en la puerta del refugio.
4) Empieza el trabajo mediático.
5) Tertulia en el monumento próximo al refugio.
6) Con Edurne en el mismo sitio.
7) Carolina, la nieta de Antonio Lafont.
8) Antonio, su nieta y Edurne.
9) Calzándose las botas. Salimos todos juntos a la misma hora. Cosas de tocar diana a las 5.30 h
10) El grupo Goretex organizando la salida.
11) Subiendo al Portillón.
12-15) Un descansito ya próximos al Portillón. Amanece.
16) Composición con tres fotos del fondo del valle.
17) ¡Por fin! El sol.
18) Primera visión del Aneto y del desastre ecológico: un glaciar moribundo.
19) Edurne posa con sus chicas.
20) Una buena vista desde el Perdiguero hasta el collado de Gourgutes.
21) Dejo atrás al grupo Goretex.
22-23) Portillón superior por ambas vertientes.
24) Primer contacto con el hielo. La foto me la hace el grupo de valencianos que tuvieron el accidenten y aparecen en la siguiente fotografia. Este era el tramo cómodo.
25-26) El grupo que se accidentó. La segunda foto está tomada en el tramo de descenso bajo el collado de Coronas. Una guarrería de hielo.
26) En esta foto puede verse mejor el tramo. Supongo que por aquí Edurne ni se entera, acostumbrada a las morrenas de los grandes glaciares del Himalaya.
27) De nuevo subida a buscar la pala final.
28) Antes y desde el Paso de Mahoma. Puede verse en lo alto, en la rimaya blanca al grupo de Edurne.
29) Las chicas antes de pasar el paso.
30) En la cruz, cara al nublado sur. Contraluz.
31) El Cotiella emerge como una isla en el mar de nubes.
32) Vista hacia el Posets.
33) Vista de la cresta hacia el sur: Espalda, Tempestades, Margalida, Rusell, cresta de Salenques y un poco a la izquierda el Mulleres.
34) Aparece Edurne cerca de la cumbre ya.
35-39) Fotos en la cumbre del grupo saboreando la victoria.
40) Las chicas en el paso de Mahoma, en el regreso.
41-42) Regresando en el glaciar.
43) Cresta del Medio. Esto ya no es una rimaya, esto es un rimayón. Aquí es donde puede verse de manera más descarnada lo que ocurre.
44) El helicoptero buscando al herido por la parte alta, cuando estaba mucho más abajo.
45) Con David en la puerta del refu. Me hice otra con Adrián pero ha salido movida.
46) El pequeño refugio invernal, convertido en fuente de energía.
47) El moribundo glaciar de Maladeta desde el refugio.
48) La Renclusa versión 2006.0.
49) Y la enorme cocina, con David a los mandos de la cafetera. Todo un lujo a estas alturas.






jueves, octubre 13, 2011

Paraguas para la tormenta que se avecina


No me refiero a la tormenta que caerá sobre el trabajador español cuando Rajoy empiece a aplicar su recetario neoliberal. Eso será más bien un tornado. Si a las malas previsiones que tenemos (esto empeora sin pausa y velozmente), le añadimos medicina neoliberal, vamos dados.

Me refiero más bien a la tormenta que se avecina, ya a la vista en los radares económicos, que será la quiebra de la deuda griega.

Escribía no hace mucho Krugman sobre lo que representaba para Grecia el pago de su enorme deuda con la locura añadida de intereses que los sabios prestamistas habían decidido aplicarle leoninamente. Krugman se remitía a las penalizaciones que cayeron sobre Alemania después de la primera guerra mundial y que naturalmente los alemanes no pudieron pagar y ya sabemos que acabó todo como el rosario de la deuda.

Pues bien, lo que debe de pagar Grecia es infinitamente superior a lo que debía pagar Alemania en su día y que no pagó; claro que Grecia no puede solucionarlo repartiendo cañonazos. Más bien los cañonazos han caído sobre el pueblo griego, para al final llegar a la conclusión que no pueden pagar. Vidal-Folch hoy nos describe muy bien la situación, explicando las presunciones erróneas de partida del euro: la unión monetaria es irreversible, la quiebra de un país es impensable y las deudas públicas de los países socios son plenamente seguras.

Los inteligentes austeros que aplicaron receta tras receta se dan cuenta que el medicamento no funciona y el déficit de Grecia ¡ha aumentado un quince por ciento! Hasta el más palurdo estudiante de Económicas habría anticipado semejante resultado. Con Grecia ya estamos al cabo de la calle. Lo que no se puede pagar, no se puede pagar y punto.

Ya se va viendo que lo de la austeridad es una taimada mentira y solo sirve para empobrecer al trabajador y quitarle derechos. Reino Unido está ahora comprobando en sus carnes los efectos de las políticas de Cameron: recesión y paro en mayor dosis. Viendo este panorama uno se pregunta como Rajoy puede atreverse a aplicar tales medidas, sabiendo adonde le llevarán. Pero lo increíble es que el trabajador español vaya a votarle sabiendo lo que va a ocurrir.

La tormenta que se avecina es pues la imparable quiebra griega. Nos podríamos haber ahorrado un año de sufrimientos inútiles si se hubiese aceptado esto desde un principio. Pero, claro, supone aceptar que los bancos que invirtieron en deuda griega (y en la italiana, portugues, española e irlandesa) van a perder dinero y mucho.

Y ese dinero lo vamos a poner en gran parte todos. Hay que capitalizar de nuevo (y urgentemente) a los bancos, es decir, poner más dinero para tapar agujeros, y las cifras que se barajan son de espanto. Se demuestra que las pruebas de stres eran una tontada, ya que no incluían el impago de deudas de países con problemas. Dexia ha sido el primer banco con espasmos y obtuvo en las pruebas de resistencia ¡el tercer mejor puesto!

Un ejemplo sangrante lo vamos a tener en Bankia. El agujero inmobiliario lo salvó esta entidad momentáneamente con la fusión de siete entidades y la captación de 3.400 MM. de euros en los mercados. Dinero privado en este caso, y por lo tanto nada que decir. Pero ¿conseguirá ahora otros 6.000 MM. que es la cifra que se baraja que hará falta? La respuesta es probablemente no y por lo tanto será nacionalizado, ya que habrá que poner dinero público. La tercera entidad bancaria de España ¡nacionalizada!

Si esto ocurre con Bankia pensemos que ocurrirá con aquellas Cajas que necesitaron ya capital público. ¿Se puede seguir inyectando dinero sin fin a unas cajas zombis? ¿No habría ya que fusionarlas todas y liquidarlas? Pero es que las cifras que van a necesitar todos son enormes y los mercados están que no sueltan un euro. Complicada situación.

Espero que la tormenta de la deuda griega (y sus consecuencias sobre la deuda y banca española) no lleguen en plena campaña electoral. Y es que ya no quedan paraguas.

Saint-Saud (3.003 m.) y Camboué (3.043 m.) (segunda ascensión)


El uno de agosto del 1996, con Josep Emili Ferrer, hicimos la travesía de la cresta del Gourgs-Blancs, empezando en el Pic Arlaud y acabando en el Lourde-Rochevable, donde puede decirse que acaba formalmente la cresta. Pero dado el que Camboué estaba a tiro de piedra nos llegamos a él.

La cresta del Gourgs-Blancs al llegar al Lourde-Rochevable se bifurca. Por un lado si seguimos la rama que forma la cresta fronteriza llegamos al Puerto de Gías para encontrarnos después las tres cumbres del Clarabide.

Pero hacia la derecha otra cresta se adentra en Francia, con las cumbres del Camboué, después el Saint-Saud, para acabar en la pirámide de Pouchergues, que ya no tiene tres mil metros.

Lo que ya no hicimos en el 96 fue seguir hasta el Saint-Saud. A pesar de que la cumbre está a cota más baja vimos que seguir a toda cresta requería maniobras orquestales y ya llevábamos a las espaldas una buena ración después de cruzar todo el cresterío del Gourgs-Blancs.

Lo que no vimos (ni sabíamos) es que podíamos haber bajado la pedrera que tiene el Camboué a su este y que lleva a los pies del Saint-Saud dejando muy fácil su ascensión. Probablemente si hubiésemos ascendido esta cumbre no habríamos vuelto al coche aquella misma tarde, quedándonos a dormir en Estós una noche más.

Y como no podía dejar suelto este cabo, el lunes volví a Estós. No recorría el agradable camino que atraviesa este valle desde el dos de Agosto del 2000 (¡once años ya!). Ese día salí del Refugio del Portillón, en el lado francés, subí al Spijeoles, para luego bajar, subir de nuevo y cruzar la frontera por el Port d’Oô, bajar a Estós, recorrer el valle hasta la carretera ¡y subir por ella hasta su final al valle de Remuñe, donde tenía el coche! Una paliza soberana.

El otoño viene con retraso este año. Sequía absoluta y a cambio un tiempo espléndido para hacer montaña. Hice la subida al refugio por la tarde. Hasta la cabaña de Turmo hay pista, pero sólo para servicios autorizados. Extrañamente me encontré con ocho 4x4 que bajaron gradualmente hacia Benasque. La respuesta la tuve al llegar a Turmo, donde hay un cercado enorme para albergar ganado. Allí estaban todas las vacas que han estado pastando este verano por estas montañas. Ya ha llegado el momento de llevarlas a sus respectivos rediles, ya que en cualquier momento bajarán las temperaturas. El veranillo que disfrutamos es atípico. Por lo tanto los 4x4 eran de los diferentes pastores que habían subido para llevar a cabo “el repliegue”. Impresionante ver a tanta vaca junta (ver foto). Al día siguiente, al bajar, ya se las habían llevado a todas.

Muy poca gente en el refugio (diez personas), que se inauguró el día de mi cumple en 1987 (tengo fotos con los andamios aún en las paredes) y que sustituyó al antiguo que se quemó o lo quemaron. Una placa en el refugio recuerda que allí se creo la asociación Montañeros de Aragón de Barbastro.

Este refugio ha padecido el efecto contrario de otros muchos, que se construyeron pequeños y luego hubo que ampliar. Estós se construyó grande porque en su momento aún era la ruta normal para el Posets, la segunda cumbre del Pirineo y eso siempre atrae gente. Pero la construcción del refugio del Forcau cambió las cosas, ya que la ruta al Posets (la antiguamente denominada “Ruta Real”), que se puede hacer por Eriste, es mucho más fácil. Por lo tanto sobra refugio, excepto esos días de Agosto en que se llena todo.

Cena a las siete y media. Una pareja es suficiente para cuidar todo. El guarda es catalán y la cena estuvo bastante bien, aunque aquello parecía un velatorio.

A las nueve estaba en el catre leyendo el diario y a las 6.45 levando anclas, para salir a las siete treinta, como en Goritz, aunque como el día se va volviendo más corto, llevé un rato aún la frontal, ya que estaba ameneciendo. Ventaja es conocer el camino y poder partir a oscuras.

La subida desde el refugio (que se halla a cota inferior a los 2.000 m., exactamente a 1.895 m.) hasta el Puerto de Gías (2.911 m.) es una subida preciosa, por buen terreno si exceptuamos el tramo final, pero exigente, ya que en ningún momento permite un respiro. Son mil metros de subida de un tirón.

Salí en solitario, pero hora y media después me pilló una pareja de jóvenes valencianos que iban al Gías. Ella sin mochila y él llevándolo todo (conozco otros casos como este). Y como el chico tiraba que daba gusto, pronto me pasaron. Ir al ritmo de otros te rompe. Mantener el ritmo propio es algo sagrado. Es preferible ir solo, pero a tu ritmo.

Antes de llegar al primer lago se dieron un respiro y nos volvimos a juntar para comer algo. Resulta que había estado trabajando de dependiente en Alpesport, en Andorra, hasta el año pasado y es la tienda de Andorra donde a veces me compro cosas de montaña. O sea, que nos habíamos visto alguna vez.

Hablando de cosas hechas y sueños por hacer y como ejemplo de cómo se puede estar de fuerte cuando se es joven, me explicó que hizo la Norte del Perdido, desde Pineta a la cumbre en nueve horas. Uf!!!

Antes de llegar al Ibón de Gías que hay bajo las paredes del cresterío del Gourgs-Blancs hay un pequeño lago. Pues bien, el lago ha muerto en combate; ha desaparecido y las piedras negras de su fondo se broncean ahora al sol probablemente por vez primera en su vida.

El lago grande, el Ibón de Gías, ha perdido tres o cuatro metros de nivel. Da pena. Desde el lago se veían ya muy bien las paredes del Seil de la Bacquo, mostrando los rastros de la primera (y efímera) nevada del año, que cayó el viernes, pero que la entrada del anticiclón de nuevo, con un veranillo adicional, ha fundido rápidamente, a excepción de las caras norte, donde se podían ver mejor aún sus efectos (ver fotos).

Después del lago me separé de mis colegas ya que eligieron subir al Gías por una variante directa, sin pasar por el Puerto de Gías, adonde me dirigía yo. Nos fuimos viendo todo el rato (hasta los oía incluso). Cuando ellos alcanzaron la cumbre yo también estaba flanqueando a pocos metros de la cumbre del Lourde-Rocheblave, para alcanzar el Camboué.

Y es que pensaba que lo mejor era volver a situarme en la cumbre del Camboué para ir al Saint-Saud. Me miré el tema desde el Puerto de Gías (ojo, no confundirse, ya que el paso correcto está a la derecha del collado, y el que hay a la izquierda es un error, con un pendiente brutal, pero al estar pisado engaña a muchos) y pensé que había que bajar muchos metros, para luego tener que subirlos de nuevo. Decidí, pués, que lo mejor era irme al Camboué y desde allí bajar para hacer el Saint-Saud, que era mi objetivo.

Sin embargo al volver me di cuenta que la forma más fácil de hacer esta cumbre desde Estós, es subir al Puerto, bajar por el lado francés unos sesenta metros y enseguida flanquear (hay fitas al principio y unas pocas después) para situarnos fácilmente a los pies de la pequeña pirámide que es esta cumbre.

Desde el Camboué el acceso al Saint-Saud se complica un poco más, ya que la cresta que los une tiene tramos nada fáciles, por lo que lo más rápido es bajar el pedregal que da al este, pedregal bastante pendiente, inestable y delicado al inicio de la bajada.

Una vez abajo se ve una canalilla muy pisada que nos lleva hacia arriba muy rápido. Se pasa entonces en un corto flanqueo hacia el sur (puse una fita), donde encontramos el rastro que habríamos seguido de haber llegado directamente desde el Puerto de Gías. En un momento estamos ya en lo alto de esta cumbre, desde donde tenemos una vista ligeramente inferior a la del Camboué, pero enorme, especialmente sobre esta región del Pirineo que posiblemente es la que tiene más cumbres de tres mil metros.

Viento fresquito hasta ese momento, pero en la cumbre apareció el calor. Manga corta ya al bajar y visibilidad inmensa y al igual que el día de la Soum de Ramond, ni una nube, ¡ni una! en todo el Pirineo visible.

Más fotos y bajé hasta donde me había dejado todas las cosas, ya que era absurdo subirlas estando tan cerca la cumbre. Me dí una ración de crema protectora y comí un poco.

Decidí volver por el Puerto de Gías, ya que desde aquí se ve claro que es la mejor opción para alcanzar esta cumbre. En el Puerto me hice unas cuantas fotos más y seguí estando solo, como estuve desde que la pareja se separó de mí.

Bajada sin contemplaciones con calor de auténtico verano. A las diecisiete horas en el refu donde recogí cosas, me tomé una Coca-Cola para subir el azúcar, pagué cristianamente la factura y de nuevo a la ruta. A las diecisiete treinta salía de nuevo, después de despedirme de la parejita, que estaban jugando una partida al parchís y que también habían triunfado como comprobé visualmente desde el Camboué.

A las diecinueve treinta en el coche, anocheciendo ya, y a las veintitres quince entraba en mi casa en Barcelona. Ya no se puede pedir más. Me quejo de que bajo mal las montañas, pero que dure este "bajar mal"…

Ascensión efectuada en solitario los días 10-11 de Octubre de 2011: 29 Km. y casi dos mil metros de desnivel acumulados.

Fotos (click en las fotos para verlas a mayor tamaño).
Arriba: en la cumbre del Saint-Saud, con el Camboué a la izquierda, muy próximo, y al fondo la cresta del Gourgs Blancs.
Abajo:
1) Camino del refugio: la caseta de Santa Ana.
2) Composición con tres fotos de la inmensa vista que hay desde el fondo del valle de Estós de la cadena fronteriza, desde el Perdiguero, con su larga cresta (derecha), hasta los Clarabides-Gías, pasando por el Seil de la Bacquo.
3) La cabaña de Turmo.
4-5) Las vacas del pueblo no se han "escapao", todo lo contrario.
6) Subiendo hacia el Ibón de Gías.
7) Aquí debería estar el lago inferior, pero...
8) Vista de los Clarabides con el Posets al fondo.
9) El Bachimala y su cresta. Bastante nevadito para lo poco que cayó.
10) La zona maravillosa en cuyo centro se halla el refugio del Portillón. A la izquierda el Lezat y altivo el primer Crabioules. A la derecha el Perdiguero.
11) En la cumbre del Camboué.
12) La cresta del Gourgs Blancs desde el Camboué.
13) Los tres picos Belloc.
14) El Vignemale asoma en la lejanía.
15) En la cumbre del Saint-Saud.
16) La fácil cresta que une el Lourde-Rochevable con el Camboué, por la que he pasado para acceder su cumbre. Se ve la inestable pedrera que hay que bajar para situarse al pie de la pirámide del Saint Saud.
17) El Puerto de Gías volviendo desde el Saint Saud (lado francés).
18) Vista desde el Puerto del tramo que hay que bajar y luego flanquear para llegar al Saint Saud.
19) De regreso pasando por el Puerto de Gías, con el Saint-Saud al fondo.
20) Atardecer en el Seil de la Bacquo e Ibón de Gías.
21) Llegando al refugio. Una tarde veraniega.
22) De regreso al coche por el valle de Estós, contemplando las Tucas de Ixea y los bosques que ua empiezan a amarillear.
23) Track de estos a las dos cumbres.
24) Detalle del track de la parte superior del recorrido, pasando por el Puerto y por las dos cumbres.
25) Un soberbio panorama de 360 grados desde la cumbre del Camboué. Puede comprobarse que no había ni una nube en todo el Pirineo.
26) Track desde el refugio hasta las cumbres sobre el mapa de la Alpina.


Los neutrinos parece ser que no corren tanto


La comunidad científica, atónita ante los resultados del experimento italiano, que afirma haber encontrado partículas más rápidas que la luz, se ha puesto a hurgar en la metodología seguida por los italianos y ya hay un mar de dudas.

Wagensberg hace unos días ya se preguntaba si los neutrinos cuya velocidad se midió al salir son los mismos neutrinos que se midieron al llegar.

Pero la cosa no va por ahí. Andrew G. Cohen y Sheldon L. Glashow (Premio Nobel de Física y una de las grandes autoridades en partículas elementales), ambos de la Universidad de Boston (EE UU), afirman que si estas partículas superasen la velocidad de la luz, los datos registrados en el detector Opera serían bien distintos de lo que sus responsables han anunciado. Dicho de manera muy sencilla, el análisis de estos dos físicos indica que unos neutrinos superlumínicos perderían energía muy rápidamente y el Opera habría detectado solo los de energía inferior a un cierto límite, mientras que en los resultados que se han presentado hay neutrinos por encima de ese límite. Experimento refutado.

Y más aún. El físico teórico Carlo Contaldi señala que no se tuvo en cuenta el efecto de la gravedad en los relojes que midieron las velocidades superiores a la de la luz. Experimento mal hecho, experimento nulo.

Y es que, como escribía Wagensberg, si el experimento fuese cierto, la mayoría de físicos cuánticos (los de sexo masculino, claro) tendrían que cortársela. Esto significaría que todos los experimentos efectuados hasta la fecha para comprobar la bondad de la Teoría de la Relatividad (que han demostrando que es correcta) habrían sido erróneos.

El caso de los neutrinos insolentes ya está produciendo deserciones en las filas de los investigadores. Algunos miembros de la colaboración Opera (que así se denomina el grupo que avanzó los resultados, pero que no ha presentado oficialmente el trabajo) temen que puede haber alguna fuente desconocida de error sistemático y por eso defienden la estrategia de realizar más comprobaciones, pese a que pueden durar varios meses, antes de preparar el artículo científico definitivo. Se apuntan, además, posibles puntos donde habría que incidir en las comprobaciones, como la determinación del momento preciso de creación y detección de los neutrinos, más análisis estadísticos de los datos y la sincronización en los relojes, sin descartar fallos en los sistemas electrónicos.

Finalmente todo esto quedará en nada, en un experimento mal planteado. Al menos ha servido para poner en evidencia la ignorancia de los políticos, en este caso de la ministra italiana de Instrucción, Universidad e Investigación, Mariastella Gelmini, que se congratuló de la contribución italiana a la construcción del túnel inexistente de 730 Km. que va desde Ginebra a los Apeninos, donde se halla el detector Opera, y que ha permitido medir la velocidad de los neutrinos.

Pura ignorancia que ha provocado la hilaridad en medio mundo, porque no hay tal túnel y el dinero se invirtió en el CERN en Ginebra.
 
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