jueves, julio 18, 1996

Argarot - Tchihatcheff - Franqueville


Para empezar un poco de historia. Las Agujas de Llosás se encuentran en la cresta S.O. del Aneto. En un extremo de la cresta se encuentra el Pico de Llosás y en el otro, la cumbre más alta del Pirineo: el Aneto. Por lo tanto es una cresta que discurre casi siempre por encima de los tres mil metros.

La primera ascensión de una de estas agujas la hicieron Henry Brulle y su hijo Roger, con el guía Germain Castagné, un 17 de julio de 1913. Saliendo del lago de Llosás, hicieron solo la Aguja Central (la Tchihatcheff), considerada por Brulle "extremadamente difícil", alcanzándola por la brecha entre la occidental y la central. Intentaron conseguir la Gran Aguja (la Franqueville), sin poder hacerlo y, volviendo a la brecha, descendieron de nuevo hacia Llosás.

Para conseguir escalar todas las agujas hubo que esperar la llegada de los tiempos de Arlaud, quien escribió que Llosás era un "sitio a la vez cautivador y extraño: el idílico valle de Vallhibierna mezcla sus últimos árboles con los negros granitos del Tempestades".

El 1920 Arlaud y Sabadie hicieron la aguja Argarot (24-julio-1920), y en 1928 Arlaud montó uno de sus campamentos de verano en Llosás, que fue un éxito y marcó una nueva etapa en la evolución del pirineismo deportivo: la vulgarización de la dificultad. Diecisiete escaladores subieron diversas veces a todas las agujas y abrieron nuevas vías. La via Brulle en la aguja central fue utilizada como escuela de escalada....

La primera ascensión a la aguja Franqueville, fue obra de Abadie, Arlaud, Bridenne, Robach, Schellen y Senmartin (1-agost-1928).

Siguiendo el deseo de Le Bondidier, Arlaud bautizó a las agujas con el nombre de los conquistadores del Aneto.

Esta travesía la hicimos de rebote. En realidad el plan era hacer el Piton Von Martin al Pallás, pero, cosas que pasan, ¡me olvidé un pie de gato! Volvimos al Campo Base, o sea a Graus, a buscarlo, y como Benasque nos quedaba ya más cerca, cambiamos el objetivo sin perder un día. Por la tarde llegábamos a Vallibierna, donde plantamos la tienda.

A la mañana siguiente salíamos desde una altitud de 1.950 m. y, por el tradicional camino que lleva a los Rusells, Tempestades y Margalida, llegamos al tétrico y oscuro (por la mañana) lago de Llosás, dejándolo a nuestra derecha y nos fuimos directos para arriba, en dirección a la brecha inferior de Llosás. Desde aquí se puede ver ya toda la cresta con las tres agujas de tres mil metros que pretendíamos hacer de una tirada: la Argarot, la Tchihatcheff y la Franqueville. A la derecha, el gigantesco Aneto. Desde este rincón pude ser que sea desde donde el Aneto se ve más majestuoso.

El día prometía ser esplendido y con mucho sol. Bajo la sombra que nos proporcionaba aún la Maladeta, subimos la rampa que cómodamente nos lleva hacia a la cresta. Finalmente, nos dio el sol cuando salimos arriba. A l izquierda queda el Pico de Llosás, extremo final de la cresta SO., que por poco no es un tres mil y, por lo tanto, (la moda es la moda) no recibe muchas visitas, y, a la derecha, se sitúan las tres agujas. Nos pusimos los gatos, aún que en este primer tramo no se veían complicaciones. Más arriba nos encordamos, aunque fuimos en ensamble y siempre por la vertiente de Llosás. Sin darnos cuenta estábamos ya cerca de los tres mil metros y la vista hacia el oeste era ya la típica de cualquier cumbre de La Maladeta: el Posets, Monte Perdido, la cresta fronteriza con su hilera de cumbres de 3.000 m....etc., etc. Una maravilla con el día que hacía.

La primera aguja, la Argarot (3.035 m.), es fácil. No sobrepasa en ningún momento el segundo grado. Enseguida, pues, nos encontrábamos en lo alto de una de estas maravillosas agujas de 3.000 m. Había sido muy fácil. Seguimos. Primer rápel del día. Aquí empiezan las diferencias con una de las pocas guías que en esas fechas había información sobre esta travesía: "Los tresmiles en 30 jornadas, de Miquel Capdevila". En la guía la desgrimpan. ("Guía" que siempre ha sido muy sospechosa. Antes de la aguja Argarot habla de la Argarot S. Tenían ganas de ver cumbres de 3.000 m. por todos los lados).

Con el rápel se llega directamente a la brecha donde el terreno es un poco descompuesto y con los gatos no se va muy bien durante unos metros que son los que separan las dos agujas (Argarot y Tchihatcheff). Aquí las diferencias con la guía son increíbles. Nos habla de un "paso de hombros extraplomado y muy alto, tanto que se necesitaría hacer un castillo de tres personas para superarlo... y de bordearlo por la izquierda, etc.". Nada de eso. No vieron por donde iba el tema. Hay que meterse en la brecha y salir por la derecha. Es un tercer grado fácil y precioso. El mejor momento de la escalada. Tota la ascensión va por placas que quedan justo sobre la brecha, ligeramente vertiente Llosás.

La ascensión de esta aguja nos dejó muy contentos. Hicimos unas fotos sensacionales y pasé por un sitio que siempre había deseado. Recuerdo perfectamente que de muy joven fui a comprarme el libro "El Aneto y sus hombres" de Jean Escudier y salía una fotografía (hecha por el hijo de Brulle) del guía Castagné asegurando a Brulle padre haciendo la primera ascensión a la que entonces era la "Aguja Central de Llosás". Pensé cuando la vi que un día me gustaría pasar por ese sitio. No escalaba entonces y pensaba que debía ser muy difícil. ¡Pues deseo satisfecho!

En la cumbre de la Tchihatcheff (3.035 m.) descansamos un poco y comimos algo. Estaba claro que nos quedaríamos cortos de agua. Hacía mucho calor y sudábamos en abundancia. El Aneto se veía lejos.

Nuevo rápel (espectacular) de 45 m., que nos dejó sobre la brecha que separa las dos agujas. Aquí no hay más remedio que cambiar el chip i pasar la otra vertiente. Llegamos al extremo superior de la brecha y salimos por el lado de Coronas. Teníamos el glaciar de Coronas a nuestros pies. El terreno era descompuesto, pero en contrapartida no nos daba el sol. La escalada es fácil pero hay que mirar muy bien donde se agarra uno. En uno de los largos de repente se me deshizo todo lo que tenía bajo los pies y me quedé colgando de las manos. ¡Santos reflejos! ¡Como en las pelis! ¡Que susto!, aunque la cuerda no llegó a entrar en acción. El alud de rocas, con un ruido tremendo, fue tan grande que llego al glaciar dejando una buena zona tintada de color negro. Menos mal que por ahí no pasa nadie.

Llegamos sin problemas a lo alto de la última aguja (la más alta, Franqueville, 3.065 m.), aprovechando para hablar del susto y Josep Emili me explicó que al ver lo mala que era la roca iba preguntando, o sea dando golpes a todo para comprobar su solidez. Tomé nota.

Y llegó la parte desagradable de la escalada. Queríamos hacer toda la arista hasta la brecha superior de Llosás. Es una "chorizada" fácil, de segundo grado, pero que no se acaba nunca y el sol nos castigaba de valiente. ¡Agua, por favor!

Al final llegamos a un sitio donde había que hacer el tercer rápel del día, que nos dejó como en una especie de brecha desde donde se puede salir hacia el glaciar de Coronas (izquierda). Pero no rapelamos: Josep Emili me descolgó y el lo destrepó. ¡Por fin en la nieve! Cambio de botas. ¡Que ganas tenía de caminar!

Ya solo nos quedaba nada más que dar pasos pendiente abajo, chino-chano, en una tarde muy agradable.

Pero como decía la canción de Gato Peréz, "la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida", encontramos los lagos de Coronas, a pesar de la torrada que caía, aún helados. Mucha nieve por todos lados. Cuando llegamos al último lago grande (2.625 m.) intentamos pasar el río que sale del lago. Imposible. La fuerte calor originaba un caudal impresionante. Seguimos hacia abajo sin problemas mirando de encontrar un lugar por donde pasar al otro lado. De nuevo imposible. Finalmente, el río desaparecía cayendo por un precipicio de órdago, de esos que no se ve el final. Y ahora ¿qué?, nos dijimos.

En la montaña siempre puede aparecer lo más inesperado. Me han pasado muchas cosas, pero está tenía su gracia. Hasta daba risa y es que el problema no se solucionaba sacándose las botas y mojándose. Bajaba tanta agua que la corriente nos habría arrastrado... y ¡acababa en una cascada!

Al borde del precipicio había un pino pequeño, al que lo miramos con cariño. Cogidos a él miramos para abajo. Justo a mitad del tapión había otro pino, mejor dicho, un proyecto de pino. Después no se veía nada...

Yo no habría tenido valor, pero Josep Emili no se lo pensó dos veces y montó un rápel hasta el primer pino. Este primer rápel era fácil. El segundo ya era otra cosa. Era un pino pequeñito que salía horizontalmente de la pared al que había que subirse a él para poder empezar el rápel… y se movía y oscilaba el condenado con todas sus fuerzas. ¿Y si las cuerdas no llegan, pregunté? No obtuve respuesta.

Bajó Josep Emili y a mitad del rápel empezó a gritar. Ya está, pensé, ¡no llegan las cuerdas y película al canto! Pero no, poco después las cuerdas quedaron flojas y oí que gritaba que bajase. Salí del árbol como pude. Poco después, de golpe, el rápel se volvía volado. La pared se alejaba y parte del río, formando una casca, iba a caer sobre las cuerdas, o sea, sobre mi cabeza y con toda su fuerza. Lo que faltaba. La ducha de agua fría fue tremenda ¡y en un rápel volado! ¡Ni en el descenso del Vero! Mientras me mojaba oía como se reía Josep Emili…

Superado el problema y ya con los pies en el suelo, al lado del lago de la Pleta de Coronas (2.230), nos hicimos un buen hartón de reír mientras nos secábamos. Mejor tomarlo así. Dentro de todo salimos bien de la embarcada y llegamos ya limpitos a casa.

Fecha de la travesía: 18-jul-1996

Fotos (click en las fotos para verlas a mayor tamaño):
Arriba, en el mejor tramo de la travesía, por las placas que llevan a la cumbre de la Tchihatcheff.
Abajo, el largo rapel corresponde a la aguja Tchihatcheff. En total tres rápeles: de la Argarot, de la Tchihatcheff y para salir de la cresta.

viernes, agosto 10, 1990

Dufourspitze (4.634 m.)


Fue en agosto de 1990 cuando, con Josep Emili Ferrer, decidimos subir unos cuantos cuatro miles con base en Täsch (valle de Zermatt).

La primera cumbre de la lista, objetivo prioritario, era la Dufourspitze, segunda cumbre de los Alpes, solo superada por el Mont Blanc y que separa Italia de Suiza. Esta cumbre es la dominante de un macizo enorme conocido como Monte Rosa, mucho mayor que el macizo del Mont Blanc.

Pero realmente lo que pretendíamos era hacer la travesía del Monte Rosa, es decir, empezar en la Dofourspitze y seguir por todas las cumbres hasta acabar en el Breithorn. Tal travesía suponía tres días a gran altura, por lo que íbamos cargados como burros, lo que nos ocasionó un largo horario de ascensión a esta cumbre. No hay que perder de vista que es una ascensión de 1.880 m. de desnivel, aunque por la cara este se alcanzan incluso los 2.500 m. de desnivel, algo ya de dimensiones más bien del Himalaya.

La ascensión normal a la Dufourspitze parte del refugio Monte-Rosa Hütte (2.795 m.), que recientemente ha sido reconstruido y ahora es un refugio galáctico.


Para llegar al refugio tomamos primero el tren hasta Zermatt y luego el cremallera del Gornergratbahn, normalmente hasta Rotenboden (2.815 m.), aunque nosotros llegamos al final del trayecto, para que mis chicas, que vinieron a despedirme, disfrutasen del panorama. Al bajar tomamos el cremallera en Rotenboden, andando un poco más, pero subiendo menos. Los cremalleras suizos son artículo de lujo y actualmente el trayecto Zermatt-Gronergratbahn cuesta, ida y vuelta, unos 60 €.

Después de mil besitos a mis chicas y que la tristeza por unos momentos nos embargase a todos, emprendimos desde Rotenboden la bajada al inmenso glaciar Gorner (se bajan 300 m.), que hay que atravesar. Pocas grietas, pero no hay que despistarse. Saliendo del glaciar se sube una larga morrena (250 m. de subida) que nos deja en el refugio. Excelente e inmensa vista sobre todo el glaciar.

Salimos, como ya es habitual en los Alpes, de noche, con las frontales. Largo recorrido por la inacabable morrena (no hay que despistarse en la cota 3.109, donde un camino a la derecha parte para el glaciar Grenzgletscher) llegando a la Untere Plattje y después a la Obere Plattje (3.200 m.) donde ya se entra en el glaciar. Ascensión cómoda, pero más larga que un día sin pan, hasta llegar a un punto (Scholle -3.827 m.-, donde parte la ruta para el Nordend) donde la pendiente aumenta y se tuerce a la derecha para alcanzar el Satteltole, un amplio collado. Poco después aparece la rampa final, muy pronunciada, que nos llevará a la cumbre.

Peor no, no es la rampa final. Cuando lleguemos al término de esa espectacular rampa (con unas vistas impresionantes) nos encontraremos la cresta final, que no es precisamente corta y es además exigente y laboriosa, especialmente si está nevada, como la encontramos nosotros. Tuvimos que montar varios largos y hacerla con crampones, pero como los bloques son muy grandes, no se puede asegurar muy bien. Demoledor el trabajo a esa altura (y sin aclimatación). Yo le daría II/III. Incluso hay un bloque, justo antes de la cumbre (ver foto) que con crampones puestos incluso es más.

Una cumbre que hay que ganársela duramente, a la que llegamos agotados y con pocas ganas de continuar (además no teníamos claro que el tiempo seguiría siendo bueno). Una cordada que venía de la Zumsteinspitze decidió montar un bivac en una punta cercana de la cresta.

Espectacular vista la que proporciona esta cumbre, al ser la segunda cima de los Alpes. Una panorámica increíble. Todo queda bajo tus pies y los glaciares son inmensos. Nos dio rabia ver la Zumsteinspitze y la Signalkuppe tan cerca, pero la cresta que seguía aún era más potente. Deberían pasar diecinueve años para hollar esas cumbres.

Estuvimos bastante solos en la cima. Los austríacos que nos seguían, llegaron y estuvieron solo un momento, ya que habían dejado a la compañera sola al comienzo de la cresta. En el collado inferior nos cruzamos con una cordada catalana que se volvía sin hacer cumbre al ver las características de la cresta. En plena cresta nos tuvimos que cruzar con unos ingleses. Problemático el tema.

Día excelente. Esta cumbre tiene la fama de tener vientos fuertes, pero la calma era total. Nos tuvimos que hacer las fotos con el automático, algo complicado porque la cumbre se compone de unos bloques de granito, sin mucho espacio para moverse. Hay una gran cruz que la han puesto como han podido y una placa de celebración de los 150 años de la primera ascensión (1838-1988) en memoria de Dufour, general que creó la oficina topográfica suiza. La primera ascensión la realizaron Hudson, Birkbeck, Stephenson y los hermanos Smythe, más los correspondientes guías (mejor decir "gente de la zona", ya que en una primera ascensión no hay quien "guíe") que, como es habitual, luego no aparece su nombre por ningún lado.


Llegamos al refu a misas dichas. De todas mis ascensiones en los Alpes es la que más horas me ha costado.

Fotos (click en la foto para verla a mayor tamaño).
Arriba: en la fuerte pendiente que lleva a la arista final. Espectacular vista sobre los Liskamm.
Abajo:
1) Espectacular montaje con cuatro fotos de la vista desde el Gornergrat hacia el Monterosa. A la izquierda el Mordend y la Dufour, siguen el Castor y el Pollux y después los Breithorn. Más a la derecha el Cervino y después el Obergabelhörn-Zinalrothorn-Weisshorn y Bishorn.
2) Zermatt
3) El Breithorn y su glaciar, el Breithorngletscher, desde el Gornergrat.
4-5) Edificio en el Gornergratbahn con mis chicas y Josep Emili.
6) Cruzando el GornerGletscher con el Cervino al fondo.
7) Llegando a Monte Rosa Hütte.
8-12) Ascendiendo por el glaciar mientras amanece.
13-17) Aproximándonos al Satteltole. Zona con grietas y ¡por fin! nos da el sol, ya que sale por detras del Nordend.
18) En el Satteltole
19) Ascendiendo la fuerte ladera que lleva a la arista cimera.
20) La fuerte ascensión final. Espectacular.
21-23) La arista. La primera foto es la continuación de la arista hacia la Zumsteinspitze (puede verse gente preparando un vivac). En la segunda de las tres fotos (la cuadrada) se ve el paso del bloque antes justo de la cumbre (se ve la cruz).
24) El Nordend, muy próximo, con su espectacular y dificil arista, ya que no siempre hay huella.
25-27) Fotos en la cumbre. Se ven en la primera las cimas de la Signalkuppe y la Zumsteinspitze. En la segunda los Liskamm y en la última las cumbres Parrotspitze, Ludwigshöhe y Schwarzhorn.
28) Placa en la cumbre. ¡No veas la mamona que llevaba! El peso me preocupaba poco entonces.
29-30) En el Satteltole de nuevo, ya de bajada. Una de las fotos muestra el grupo de cuatro austríacos (una era una mujer, que debía ser miss Austria, que no llegó a la cumbre) que nos acompañó en bastantes momentos durante la ascensión.
31-33) Al día siguiente camino de Rotenboden para coger el tren hacia Zermatt. El Cervino, espectacular, ¡y sin nada de nieve!


 
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