lunes, agosto 06, 1990

Alphubel (4.206 m.) – Arista SE.


El Alphubel es una de las grandes cumbres que rodea el valle de Saas Fee. Hubel en el dialecto del país significa colina, montículo. Su denominación ya nos anticipa que se trata de una amplia cumbre en forma de trapecio, siendo difícil desde la lejanía decir en que punto se halla la cumbre. Se trata de una cima totalmente cubierta de nieve y fácilmente accesible con esquís en primavera por la vertiente de Saas Fee. Los remontes construidos en el valle facilitan ahora en verano su ascensión, siendo por lo tanto una cumbre concurrida.

Sin embargo en la vertiente opuesta, la del valle de Täsch, la metamorfosis es absoluta. Toda una serie de espolones rocosos conducen a la arista somital, esa larga cresta sin fin. Los espolones emergen del glaciar de Weingarten y uno de ellos es muy famoso: el Rotgrat (la arista roja), que es la arista O de la cumbre S.

No queriendo subir a esta cima por la fácil vía normal, con Josep Emili Ferrer nos plantamos en el refugio Täsch (construido en 1945 y que teníamos muy cerca ya que estábamos en un camping en el pueblo más cercano y que tiene el mismo nombre: Täsch) con la intención de escalar esta larga arista, aunque no muy difícil (IV máx.). El problema es que el refugio se halla a 2.701 m. y la cumbre a 4.206 m., aunque a la cresta se entra mucho más arriba, entrando primero a la arista Wissgrat (3.195 m.).

Pero el gozo en un pozo. Ya por la tarde asistimos a un alud de rocas impresionante que barrió uno de los lados de la Rotgrat, inundándolo todo con una nube de polvo inmensa. Esas cosas no gusta verlas.

Si bien la tarde anterior fue fantástica (el refugio tiene buena vista) el día amaneció negro y amenazaba lluvia inminente. Imposible escalar la Rotgrat y por lo tanto plan B en marcha: ascender hasta el Alphubeljoch y seguir su arista sudeste (todo hielo-nieve).

Salimos a pesar de la que podía caer y nos sorprendió pronto la lluvia (más tarde nieve) en plena ascensión. No se veía a dos palmos y asistimos a la retirada de todas las cordadas mientras nos guarecíamos al inicio del glaciar en una especie de cueva esperando que mejorase. Nos quedamos solos y solos llegamos al collado sur (Alphubeljoch 3.782 m.). A pesar de seguir en plena nube, proseguimos por la arista sudeste (PD), que debe ser preciosa a pleno sol.

Tuvimos suerte de que un grupo, conducido por guías, había subido desde Saas Fee y alcanzado la cumbre. Así supimos que habíamos alcanzado la cima del Alphubel. No vimos absolutamente nada.

El problema era descender con ese panorama, ya que no podíamos seguir la ruta normal y volver a recorrer la arista con el radar era complicado. Seguimos la normal por unos momentos y después fuimos flanqueando (grietas) en descenso y acertamos saliendo al Alphubeljoch de nuevo, donde ya seguimos por camino conocido y viendo un poco más el panorama. Una ascensión en solitario a cumbres tan concurridas en pleno verano es casi imposible, pero en contrapartida al mal tiempo tuvimos la oportunidad de hacerlo.

Ascensión efectuada el 6-Ago-1990 por Josep Emili Ferrer y Joaquín Ricarte.

Fotos (click en la foto para verla a mayor tamaño).
Arriba: Bajando de la cumbre, cerca del Alphubeljoch
Abajo:
1-3) Pueblo de Täsch, con mi hija Laura.
4) Nuestro (infame) campo base en Täsch. Los suizos del valle de Zermatt no están por la labor de facilitar a los montañeros sus estancias en el valle. En el valle de Saas Fee es diferente, ya que en Saas Grund hay camping con bungalows.
5) Los cementerios suizos, tan perfectos. Si en vida son perfectos, en la muerte lo han de ser también.
6) Subiendo al refugio Täsch.
7) Refugio a la vista. Un buen subidón.
8-10) Tarde espléndida en el refugio Täsch.
11) Morrenas imponentes bajo los glaciares.
12) El alud de rocas en el Rotgrat. El humo no es una nube, es el polvo levantado por la avalancha.
13) Amanecer lluvioso subiendo al Alphubeljoch.
14) Inicio del glaciar. Esperando a ver como evolucionaba la meteo. Las cordadas que se ven plegaron velas.
15-17) En la cumbre del Alphubel. No se veía nada.
18-19) Bajando hacia el Alphubeljoch se abrió un poco y vimos parte de la arista por la que habíamos ascendido.
20-21) Mapa y croquis de la ascensión (línea roja) y línea de puntos rojos desde la cumbre al Alphubeljoch. Obsérvese que la línea roja hay un momento que no sigue propiamente la arista y recorre un tramo de flanqueo (izq.) para evitar pasar por un tramo muy pendiente. Nosotros, que no veíamos nada, seguimos la cresta integralmente y ya observamos que ese tramo era mucho más pendiente que el grado que indican las guias (PD).






domingo, julio 22, 1990

Maupas (3.109 m.) - Arista Este


Esta altiva cumbre fronteriza se alcanza, en su vertiente española, por el valle de Remuñe.

Lo normal en las crestas fronterizas del Pirineo es que las grandes paredes, que permiten espectaculares escaladas, se hallen en la cara norte, caras más castigadas por el duro clima existente en la vertiente francesa.

El Maupas es una excepción a esta regla y en su cara sur se han abierto estupendas vías de escalada, muy exigentes algunas de ellas.

Tradicionalmente, en la época pionera de los Pirineos, el Maupas, dadas las dificultades que muestra por su cara sur, era una cumbre accedida únicamente por franceses de la región de Luchón, de ahí su nombre francés, que en traducción literal significaría “mal paso”, indicando así que no era una cumbre fácilmente accesible, aunque hoy en día es una cima que por su vía normal no presenta grandes problemas.

Si la cara sur es exigente, hay dos formas más de llegar a la cumbre desde Remuñe. Una sería su arista oeste, la que enlaza con el Crabioules y otra la que proviene de la cumbre del Boum, otra cima con una bella y corta ascensión.

La cresta oeste que proviene del Crabioules no presenta grandes dificultades, pero la roca no es nada del otro mundo. Sin embargo la arista este, que proviene del collado del Boum-Maupas, es de un granito que raya la excelencia. No he visto nada igual en el Pirineo. Realmente soberbio y seguro.

Para escalar esta arista nos fuimos a hacer noche a la pleta de Remuñe, que cuenta incluso con una cabaña-roca de lo más especial, que permite dormir sin llevar tienda. Nosotros preferimos cargar peso y trasladar nuestra propia casita. La pleta es un lugar idílico para acampar y cuenta con agua abundante e incluso con lago cercano. Lástima que la masificación haya creado una ruta muy concurrida por los franceses: Luchon-Ref. Espingo-Ref.Portillón-Remuñe-Hospital de Benasque-Puerto de Benasque-Luchón. Por lo tanto, gente cruzando la pleta no falta nunca.

Nada mejor que ir acompañado de una persona conocedora muy a fondo de la zona (ha abierto innumerables vías en las Fitas de Remuñe). Muchas horas las gastadas por Gustavo Mañez por aquí. Las primeras fitas colocadas en esta cara sur de Remuñe se las debemos a él.

Se accede a la cresta E. mediante ascensión al collado del Boum (camino muy pendiente pero no largo), que no tiene un fácil acceso, ya que requiere hacer un largo de II+ para acceder a él. Si estamos a principio de temporada y ha sido un año de nieves, puede encontrarse nieve e incluso una mini-rimaya que dificulta un poco iniciar el ascenso hacia el collado, en el cual hay un anclaje que nos permitirá asegurar y rapelar al regresar.

De hecho, alcanzado este collado, podríamos atravesar en flanqueo el nevero de la cara norte (ya no le llamo glaciar, porque seguro que a final de temporada ya ha desaparecido) e ir a buscar la cresta que proviene del norte y que es la vía normal. Este es el camino que utilizamos para regresar y que si es principio de temporada y el nevero está helado, puede requerir crampones y piolo. Nosotros no lo llevabámos y no dejé de sufrir en bastantes partes del trayecto. En las condiciones actuales puede ser totalmente necesario llevarlos en algunos momentos.

La arista es aérea y de disfrute inmenso. La dificultad no pasa de IV+ y no llegaremos escalando hasta la cumbre ya que el último tramo se efectúa andando. Basta ver las fotos para adivinar de qué va este recorrido, recomendable a todos los que escalan en el Pirineo. Hasta sabe a poco. Se vuelve a casa uno muy contento.

Ascensión efectuada por Gustavo Mañez-Mariano-Joaquín Ricarte el 22-jul-1990.

Fotos (Click en ellas para verlas a mayor tamaño).
Arriba: En la cumbre del Maupas. Había en esos momentos en la cumbre un misterioso, extraño y grandioso trípode.
Abajo:
1) En la pleta de Remuñe.
2) Llegando a los pies del collado del Boum. A la izquierda la cara sur, con sus fantásticas vías.
3-5) Escalando en la maravillosa cresta granítica.
6-7) En la cumbre con Gustavo y en la otra Gustavo con Mariano. Se ve muy bien entre las dos personas la cresta. Contrasta el granito, con la roca que hay más allá del collado del Boum, que es de otro tipo y más oscura.
8) Amplia vista de la cresta hacia el este. La piramidal cresta final es el Mall Pintrat. A la derecha La Maladeta.
9) La misma vista, pero más amplia.
10) La cresta oeste, hacia el Crabioules. A la izquierda el Perdiguero.
11) Zoom al Crabioules. Una cumbre con espectaculares vacíos tanto al norte como al sur.
12) Gustavo y Mariano bajo el trípode misterioso.
13) La estación francesa de Super Bagneres de Luchon queda enfrente.
14) El valle de Batisielles y Pérramo, con las Tucas de Ixea a la Izquierda y el Escorvets a la derecha.
15) En la cumbre, con el valle de Remuñe, visible a la derecha. Joven y majico estaba yo por aquellos tiempos.



jueves, agosto 07, 1986

Aiguille du Chardonnet (3.824 m.) - Cara Norte - Espolón Migot


Como en 1985 regresamos a casa contentos, en el 86 repetimos visita a Chamonix. Y como los colegas iban con ganas, nos metimos en una Norte, en este caso, la Norte de la Chardonnet, en la vía conocida como espolón norte o espolón Migot, nombre de su primer ascensionista que la hizo acompañado del famoso Devouassoux, en el año 1929.

La única reseña que tenía era la que aparecía en el libro de “Las 100 Mejores ascensiones en el macizo del Mont Blanc”, escrito por Rébuffat. Era exactamente la número 43 y como van ordenadas por dificultad, el hecho de aparecer en el centro del libro ya indicaba que fácil no iba a ser. A mí lo que me tenía mosca era que la ascensión a la Verte por el corredor Whymper era la número 41, por lo tanto la escalada era muy equivalente en dificultad a esta otra que había considerado siempre como una ascensión con un cierto grado de compromiso. Además las fotos del libro mostraban unos seracs colgando sobre la vía que daban auténtico yu-yu, aunque el texto afirmaba que la ruta era segura.

Con previsión de tiempo excelente, todo lo contrario al año anterior, nos fuimos para el refugio Albert I. Coche hasta Le Tour, al final del valle de Chamonix, y allí nos subimos a un telesilla que nos llevó hasta los 2.200 m. Un placentero camino lleva a partir de ahí hasta este antiguo refugio (2.702 m.), que se halla justo encima del Glaciar de Tour y que en su aproximación se bordea.

La aproximación ya permitía ver, a la derecha del glaciar, la Aiguille du Chardonnet, con su impresionante cara norte, casi toda en hielo y nieve, con una sola excepción: el espolón Migot, que combina tramos de roca, pero principalmente es una ascensión en hielo y nieve. Y al fondo la Aiguille du Tour a la izquierda y la Gran Fourche a la derecha, frontera ya con Suiza. Bonito escenario.

Sentados en las proximidades del refugio tuvimos toda una soleada tarde para examinar lo que al día siguiente iba a ser nuestro reto. Asustaba un poco.

Un buen madrugón (creo recordar que a la 1.30 h.) y a las tres habíamos cruzado el glaciar de Tour, con grietas en la otra orilla, situándonos ya en el contrafuerte O., bajo el espolón, con las frontales mirando por donde iba el tema. Éramos seis y montamos dos cordadas de tres. En la mía, que fue por delante en el recorrido, iba Santi de primero y tras él íbamos Antonio y yo. En la otra iba Xavi Díez de primero con Joan Gasull y una tercera persona que no recuerdo su nombre.

Ya el primer tramo, el acceso al espolón, justo cuando amanecía, nos mostraba que la montaña no estaba como esperábamos. Es decir, el año había sido muy escaso en nieves y el primer tramo hasta un collado nevado, donde se entra propiamente en el espolón, carecía en su totalidad del blanco elemento. Penosa ascensión con varios largos y por terreno descompuesto. No estaba mal para abrir boca. Veo ahora fotos actuales y este tramo en verano ya no tiene nunca nieve. ¿Consecuencias ya del cambio climático?

También cuando amanecía vimos que la fuerte pendiente final toda en hielo, de unos doscientos metros, estaba toda ella tallada con escalones. Nos sorprendió mucho el tema ya que los crampones llevaban desde hacía años puntas delanteras y en una pendiente de 55 grados no hacía falta utilizar el sistema anticuado (y demoledor) de ir tallando escalones en el hielo. Pero ahí no acabaron las sorpresas. Poco después el helicóptero de salvamento sacaba a dos personas de la misma cumbre, algo rarísimo.

Al llegar a la arista nevada pudimos deleitarnos con el serac que colgaba aparentemente sobre nuestras cabezas (de hecho, cuando se derrumba, lo hace hacia el lado izquierdo y no sobre el espolón). Por si acaso, salimos como cohetes por la arista, dándole a las dos herramientas. La arista se transforma más tarde en fuerte pendiente hasta alcanzar unas rocas, fuera ya de la vertical de los hielos flotantes, donde hicimos un pica-pica.

Y aquí empezó el baile de los malditos. Había que sortear un tramo intermedio de rocas con goulottes (canalillos) de hielo, que permiten ascender con dos piolets y crampones (ver vídeos adjuntos) la maraña que forman las rocas y el hielo. Si bien en las primeras canales lo pudimos hacer, luego empezó a aparecer la roca pura y dura. Nada de hielo. Y con los crampones puestos hasta nos salió un tramo que le dimos V. En uno de ellos me saltó un crampón para acabar de hacerlo difícil.

Lento y demoledor, pulverizando el horario. Esto no era lo previsto y la dificultad salía muy superior. En uno de los tramos, como Xavi, cuya cordada venía detrás, iba corto de material, pidió que le dejásemos los seguros puestos… y luego no tomó la misma canal. Apuros al no poder asegurar y un pastón en material que se quedó en la vía para regalo de las siguientes cordadas. Cosas que pasan.

Dudamos por un momento si no era mejor salirse de ese infierno e ir a buscar una clara, aunque empinada, rampa de nieve a la derecha (muy visible de lejos). Me estaba pidiendo la opción de ir a la pala de nieve, cuando un alud, pequeño pero suficiente para barrernos, recorrió toda la pala. ¡Uf! Menos mal que los colegas tomaron la decisión correcta.

Por lo tanto seguimos por las goulottes hasta salir a la pendiente final a la que le dimos en su tramo superior 55 grados. Un gran ambiente. Al final de estos doscientos metros no se alcanza aún la cumbre y hay que hacer unos largos por la cresta hacia la derecha.
Hielo muy duro que requirió un enorme trabajo.

Llegamos a la cima deshechos. Yo ya no podía más. ¡Eran casi las seis de la tarde! Y ahora venía un descenso por una ruta normal que de normal no tenía nada y que ninguno de nosotros conocía. No disfruté de la cumbre y únicamente me obsesionaba el bajar. Me veía venir un vivac a pelo.

Desgrimpa que te desgrimparás fuimos bajando la arista que lleva al collado Adams Reilly, desde donde debíamos alcanzar el glaciar y, ya caminando por él, volver al refugio.

Lo cansado que iba (y sin agua, totalmente deshidratado) no me permitía disfrutar mucho del espectáculo que se abría hacia mi izquierda, hacia el glaciar de Argentiere, con un vacío impresionante y con las Courtes, les Droites y la Verte enfrente. Y muy cerquita la Aiguille d’Argentiere.

Y el sol que se iba despidiendo y nosotros aún bien arriba. Yo bajaba detrás de Santi, que abría expedición. Oí que alguien gritaba y pronto el gritón, que bajaba muy rápido, llegó a mi altura. Me pedía el transmisor FM que había comprado recientemente (esta era su primera salida), y que a falta en aquellos tiempos de móvil, esperaba que nos sacase de un apuro si llegaba la ocasión. Y la ocasión se presentaba. Joan Gasull, al desgrimpar un gran bloque, se le había movido y le había caído sobre el pie, triturándoselo. Imposible andar.

Poco a poco nos reagrupamos todos y empezó el proceso de encontrar al otro lado del éter a algún radioaficionado. Hubo suerte. Apareció un canadiense-francés de vacaciones en Chamonix, que se quedó alucinado cuando le explicamos la película y la necesidad de que llamase a la Gendarmerie para que sacasen a Joan con helicóptero antes de que se hiciese de noche. No había forma de convencerle de que no era ninguna broma, hasta que se me ocurrió darle la matrícula de radioaficionado, pero no la mía, que no tenía, sino la de mi amigo Antonio Lafont, guarda de la Renclusa, que siempre que iba por Maladeta me dejaba un aparato y así hablábamos mientras yo me pulía todos los tres miles. Cuando dije Eco-Bravo-Lima-Fox y el número correspondiente, el canadiense, con esa identificación y como buen radioaficionado que era, no dudó ya ni un segundo en que íbamos en serio y llamó enseguida a los gendarmes. Tuvimos suerte.

Nos bajamos todos a una zona de la arista más ancha, para facilitar las cosas al helicóptero, mientras Xavi y Santi aseguraban desde una zona superior (el lío de cuerdas que se montó fue supremo), y poco después se oyó al pajarraco que venía subiendo barriendo toda la arista, hasta que llegó hasta nuestra altura, justito cuando el sol daba sus últimos coletazos. Nos había ido de un pelo.

Impresionante tener un bicho de estos, en una arista, a tan solo unos metros encima de tu cabeza. Primero dejaron a un gendarme en el suelo, quien preparó a Joan para un vuelo de infarto. Cuando Juanito estuvo listo se aproximó de nuevo y con el torno se lo llevó separándolo de la roca y subiéndolo después hasta la cabina. Luego repitieron con el gendarme… y au revoir que ahí os quedáis.

El panorama era de lo más negro. Muy cansados, sin agua y a oscuras. Encendimos las frontales y ahí apareció el tio Santi quien fue bajando delante tratando de adivinar el recorrido… hasta que llegamos a una zona de hielo que no había más remedio que rapelar… y el fondo ni se veía, ya que las frontales no alcanzaban la distancia de 45 metros de la cuerdas.

¡La realidad es que no había fondo! El rápel se iba al vacío. Rapeló Santi y al ver que no llegaba a ningún lado percibió que pendulando a su izquierda alcanzaba una plataforma. Salvados. Baje yo después y al final, tirándome Santi de las cuerdas, me arrastró el rápel hasta la plataforma. Todo esto a oscuras, hechos polvo, con un frío que iba en aumento, con la incógnita de no saber si nos estábamos embarcando en una de bien gorda y obviamente con la posibilidad de pasar una noche a pelo a más de tres mil metros.

Detrás de mí bajó Antonio. Santi y yo mirábamos su descenso expectantes. Apareció su frontal reflejándose en la pared de hielo y de repente ¡se cayó! En su caída uno de los crampones chocó contra una pequeña roca que sobresalía del hielo y no se cómo, pero el crampón salió volando hacia el vacío. Fueron unas décimas de segundo de espanto. Antonio se había hecho con un cordino un lazo en el arnés, que como el mío, era entonces completo, con cuatro anillas. En vez de pasar el mosquetón para rapelar por las anillas del arnés, lo pasó por el lazo adicional que se había hecho. Una auténtica tontería ya que añades un punto más de riesgo sin obtener nada a cambio.

La cuestión es que mientras rapelaba se rompió el cordino, pero Antonio tuvo la fortaleza y la dureza de aguantar con sus manos la cuerda, no soltarla y llegar descolgándose hasta el final del rápel. Salvó su vida de milagro. Las manos quemadas y sangrantes mostraban lo que había supuesto salvarse.

En estos rápeles también dejamos abandonados tornillos de hielo y flautas, única forma de rapelar en el hielo. A las doce de la noche llegamos a unas rocas. Se adivinaba que salir de allí suponía nuevos rápeles, pues no se veía, una vez más, el fondo. Como ya teníamos bastante ración y en aquellas rocas nos podíamos sentar/estirar un poco todos, decidimos esperar en ese punto a que amaneciera. Mi mochila, grande, me hizo de saco de dormir al menos para las piernas y como el tiempo se mantuvo excelente, el frío que pasamos no fue excesivo, dentro de todo. El drama fue la falta de agua. Un auténtico suplicio ya que se oía un chorrito de agua cantar alegremente unos cuantos metros más abajo por la pared que pretendíamos rapelar. Hasta las dos de la mañana, cuando se heló el agua, su sonido fue una auténtica tortura.

Antonio, con sus manos heridas, no se quejó en toda la noche. Admirable, el chico. Al amanecer yo tenía ya alucinaciones. Pensaba que dos piedras en el glaciar eran personas que nos traían agua y los muy condenados avanzaban muy despacio. La necesitaba urgentemente. Me pasé la noche soñando que descendían unos guardas de un refugio que había en la cumbre para traernos líquido. No se que hora sería, pero un ruido infernal procedente de una avalancha en el couloir Couturier de la Verte, allí delante mismo, nos despertó. ¡Cómo estaba la montaña! Teniendo en cuenta la hora en que se inicia su ascensión pensamos que podría haber pillado a alguien. Evidentemente era un año muy malo para las ascensiones en hielo.

Al amanecer Xavi se despertó hecho unos zorros y por un momento pensamos que teníamos otro problema a la vista, pero se recupero rápido. Vimos, (¡siempre pasan estas cosas!), ahora ya con luz, que solo nos quedaba un rápel hasta el glaciar, así que en pocos minutos estuvimos caminando sobre él y poco después llegábamos al Refu, donde además de hidratarnos, nos pegamos un señor almuerzo.

Nos explicaron los guardas del Albert I que los de salvamento les habían llamado para verificar que unos españoles estaban escalando la Chardonnet y no habían vuelto. ¿Y el helicóptero sacando a dos de la cumbre de buena mañana?, preguntamos. Eran dos polacos que no llevaban crampones con puntas y se dedicaron a tallar cientos de escalones y llegaron a la cumbre agotados. No podían más.

Y cuando nos reunimos de nuevo con Joan, mientras nos mostraba su pie vendadito, nos explicó su llegada al camping a la hora de cenar, en un taxi procedente del hospital. “Buenas”, le dijo a su señora, “que me he bajado en helicóptero… y los he dejado allí pringaditos”.

¡Que aventura! No estuvo mal empezar las vacaciones así. Luego vendría lo de la cafetera. Pero no lo explico porque Santi y Xavi aún se ríen. Y después habría más. En las Cósmicas tendríamos otra de cuidado. ¡Qué verano!

Ascensión efectuada el 6/7-Agosto-1986

Fotos (click en la foto para verla a mayor tamaño).
Arriba: La mejor foto. La que sale en todos los libros. Santi ascendiendo bajo el serac. Espectacular.
Abajo:
Para empezar dos panoramas. El primero es desde la cima de la Chardonnet hacia el sur. Vemos la cresta Courtes-Droites-Verte y detrás (lejos) la arista del Goûter en el Mont Blanc. También se ven a la derecha, más bajitos, los Drus. Puede verse el estado del hielo en esta cara norte, correspondiente a Argentiere.
El otro panorama lo hice al llegar a la cresta, al salir del marrón. Se trata de la parte superior del glaciar de Tour. En el centro l'Aiguille du Tour.

1) Telesilla a cota 2.200.
2) El final del galciar de Tour. Se ve la altura perdida en la regresión de los últimos cien años. Una constante para todos los glaciares alpinos. Estaban practicando con parapentes (algo muy novedoso entonces) por los prados.
3) Camino del telesilla al refugio.
4) El camino siempre por encima del glaciar. Al fondo aparece ya la Chardonnet.
5) Se ve tambien la Verte.
6-8) En el refugio. Una tarde espléndida para contemplar nuestro objetivo.
9) Llegando a la arista después de superar el contrafuerte O. En la foto la siguiente cordada, con Xavi al frente.
10) Un descansito después de pasar bajo el serac.
11-12) Vista hacia nuestra izquierda. Se observa la maravillosa arista Forbes, otra de las rutas por esta cara norte, aunque de dificultad inferior (AD).
13-15) Supendo las fuertes pendientes finales.
16) La cercana Aiguille d'Argentiere desde la cumbre.
17-18) En la cumbre. El cansancio era tan enorme que no había ni fuerzas para fotos. Una muestra del agotamiento es que la crema que me puse por la cara ni me la repartí.
19) Bajando y agrupándonos en un lugar amplio para que el helicóptero sacase a Joan. Colocamos una chaqueta roja en la nieve, para que nos vieran bien. Santi y Xavi no se ven porque están más arriba en un sitio donde hay sombra. Si se amplia la foto, se adivina un casco rojo.
20-25) Las fases del au revoir de Joan. La última la hizo Xavi desde su posición más alta.
26-27) El bivac a pelo.
28-29) Después de amanecer y hacer el último rapel, los colegas salían corriendo por el glaciar hacia el desayuno.

Y dos espléndidos vídeos actuales de la escalada de este espolón. Una guapa pendiente…

Veo que ambas ascensiones están hechas en Junio. Y es que avanzada la temporada (julio-setiembre), con el cambio climático, sospecho que está ascensión ya no es totalmente de hielo y su dificultad es superior. Justito lo que nos pasó a nosotros.







 
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