martes, junio 04, 2013

XIII Puertos de la Ribagorza – Repesca


Las cuentas pendientes hay que saldarlas lo antes posible y como uno es tozudo (sangre aragonesa), ayer lunes realicé el recorrido que no pude acabar el sábado 25 al caerme participando en la XIII edición de esta marcha ciclista. Naturalmente lo realicé en su totalidad y partiendo y acabando en el mismo sitio que la prueba oficial. 126 km. según mi Forerunner y 1.594 m. acumulados de desnivel (y es que el Isábena es un sube y baja interminable).

También salí a la misma hora aproximadamente y habiendo pasado únicamente diez días, la temperatura ya era totalmente diferente. Abrigado un poco al principio, pero en Campo ya me quedé vestido en plan veraniego.

Llegando a lo alto del puerto de Castillo de Laguarres me encontré a dos franceses que subían asmados con bicis con alforjas uno y el otro incluso con un pequeño remolque. Cuando te encuentras gente en este plan te da la sensación de ser el más liviano y rápido de los ciclistas. Cuatro palabras al cruzarlos, pero los esperé arriba. Venían de Toulouse y su destino era Santa Pola, Alicante. ¡Mon Dieu, solté! Y es que les espera calor africano: las siguientes etapas, Fraga y Alcañiz. Bravo por ellos.

Bajada galopante del puerto, aún abrigadito y en Benabarre ví que están cabreados por el tema de la ESO. Comprobé lo mismo al pasar por Campo, y es que la gente está indignada porque en estas poblaciones los alumnos de ESO de 1º y 2º curso podían estudiar en la propia población, pero ahora los harán ir cada día a Graus, una buena pérdida de tiempo. Cosas de los recortes… y el PP recogiendo votos negativos. Suma y sigue.

En la bajada desde Benabarre hasta Torres eché en falta las grupetas que tan bien me fueron para poder llevar más velocidad e ir al mismo tiempo descansando. Y es que los 126 km. fueron una contra reloj totalmente en solitario y sin poder chupar rueda de nadie.

En Graus, al llegar al lugar de la caída, afloje lo máximo en el paso de peatones y agarré el manillar con todas mis fuerzas. Superado el escollo me quedé aliviado. Volver a caer en el mismo sitio ya habría sido la pera.

En el túnel de Santaliestra me paré a ponerme una banda reflectante en la pierna izquierda. Es un túnel corto, pero en curva y subida. Por lo tanto te quedas totalmente a oscuras (evidentemente no llevaba luces, que pesan). Tiene la ventaja que antes de entrar puedes ver venir los coches de lejos (hasta llegar al túnel hay una buena subida) y ponerte en marcha cuando no viene nadie.

Paré después en la fuente de La Ribera, agua buenísima que baja de la ermita de Piedad (¡que recuerdos!), a repostar y cambiar el agua de las olivas. Una barrita y máquina. Estaba a mitad del recorrido, más o menos.

En Morillo me salí de la carretera para pasar por la carretera y puente antiguos, recordando que cuando éramos unos chavales nos llegábamos en bici hasta el túnel de Santaliestra (límite autorizado) y nos parecía que habíamos ido a La Coruña. Bicicletas BH, auténticos tanques irrompibles de muchos kilos de peso y piñón fijo…así hice las buenas piernas que aún tengo. A Foradada nunca conseguimos subir. ¡No estaba asfaltada la carretera!

Túnel de Campo (iluminado y fresquito). En Campo, con el pueblo indignado, me bebí un gel al lado de la iglesia y partí hacia el segundo puerto de la jornada, que empieza poco después, puerto al que le dan el nombre de Serrate.

No hace mucho que han acabado las obras de la nueva variante de este collado que evita el recorrido sinuoso (y bonito) que pasaba por los diferentes pueblos que jalonan la falda sur del Turbón. Y como se les debe haber acabado el presupuesto no han eliminado el mar de gravilla (ni hay líneas pintadas) que inunda la carretera. Una carretera horrorosa, salvajemente amplia (ver foto) para el tráfico que soportará (otra locura más debida a la idea del “Eje Transversal del Pirineo”, al igual que en Foradada) y que se ha cepillado todo el entorno, el cual no tiene ni rastro de nada verde a muchos metros de distancia de la ruta.

Calor infernal de golpe, ya que no hay ni un árbol. Iba con mucho miedo a pinchar, ya que son kilómetros y kilómetros de gravilla. No me extraña que los que iban con tubulares en la PR se quejasen. Subiendo me encontré con otro ciclista que iba con BTT y que fue tomando tramos de la carretera antigua. Con bicicleta de montaña e intentaba evitar el horror y yo con rueditas finas navegando en gravilla y en subida dura, crac, crac.

Me paré en el puerto, justo enfrente de Serrate, donde parte la pista que aproxima al Turbón (ver foto). Descenso refrescante hacia el Isábena (aquí no ha habido obras y se podía bajar rápido) y al llegar al río, sorpresa desagradable ya que venía un viento en contra de armas tomar.

Puerto de Serrate (o Villacarli), bajo el Turbón. Al fondo, el Cotiella.


Así que hubo que apechugar con el tema todo el descenso hasta Graus, lo que desgastó lo suyo. No fue mal ya que esto me asegura probablemente mejor tiempo cuando haga oficialmente la PR el año que viene (si no me caigo).

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